Historias de Pulpi

- en Cultura

El acto de creación es algo imprevisto. A veces, con solo tener cerca papel, lápiz y colores es suficiente para expresar. En ocasiones, ese acto de creación se aproxima a algo más digital y en este caso, es así. Aída no deshecha uno por otro, todo tiene cabida, todo se complementa solo que ahora el soporte digital le da la libertad de dibujar y crear en cualquier parte, le permite avanzar y retroceder en el proceso, es una estructura más abierta. En la tela se crean capas, no se vuelve a empezar desde el principio, el punto cero desaparece. Aprovecha de cada soporte lo que le permite hacer. Desde su banco de imágenes, las maneja, las cambia, las extrapola, las manosea, las imprime en papel, e incluso en algunas, las lleva al soporte físico del lienzo. El dibujo y la pintura digital aportan detalles que con la pintura tradicional no puede realizar y viceversa.

Cuando pinta, cuando crea, surgen personajes, personajillos y las estrellas del cuadro. También aparecen los colores, incluso tan protagonistas como las figuras que los componen, las formas y todo el recorrido que le quiere dar al cuadro. Y dentro de todo ese mundo de concentración creativa está Pulpi, entre otros. Hoy nos centraremos en él y en su manera de colocarse entre las bambalinas del cuadro para pasar a primer plano. Si el confinamiento a cada uno nos ha traído una imagen, Pulpi llegó también en ese sórdido momento. Llegó como si viniera de otro mundo, puesto que su origen fue un ovni con calcetines. El nombre surgió a raíz de ver un pulpo reversible que llevaban los niños, con el que se representaba el estado de ánimo de la criatura humana, y así Pulpi se convirtió en la criatura de ocho patas con calcetines de los cuadros que vemos en la exposición.

Los cuadros que vemos tienen mucha relación con la narrativa cinematográfica, al igual que con la estética de los ochenta y de los noventa. Juega con los matices y acabados, a veces en brillo y otras en mate. Es una obra para ser contemplada a través de un proyector y con juego de luces. Al ser creada en un soporte digital, los colores cambian. Consigue sacarles el jugo a las nuevas tecnologías en su parte creativa, puesto que las cosas pueden ser iguales y diferentes al mismo tiempo. La diversidad en la manera de crear y pintar el soporte digital le da la serenidad y organización que necesita para investigar la narración, tomar apuntes, documentar cada momento del proceso y asentar y segmentar ideas e imágenes entre ciclo y ciclo.

La figuración siempre presente. Estudiar e investigar constantemente sobre soportes, imágenes, formas y sobre el color, especialmente el color, en sus últimos cuadros. Estudiar sus efectos desde las diferentes estructuras del mismo: con las ceras, en papel de ese color, en telas, etc.  En este caso el rojo.

El protagonismo de Pulpi como amalgama de toda la narrativa de sus cuadros le da un aspecto nuevo, más mundano. No le quita seriedad al cuadro, le aporta frescura. Se convierte en un viajero inesperado, en un compañero con calcetines horteras que llena el cuadro con sus tentáculos, siendo ese objeto fetiche que todo artista tiene, y al que Aída le da vida y cabida en su obra.

Texto de M. Luisa Castañeda (Historiadora del arte)

Ilustraciones de Aída Rubio

5 1 voto
Valoración
Subscríbete
Notifícame sobre

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios