PELÍCULA: 007. Muere otro día

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Die Another Day. RU, 2002 (123 m.). Director: Lee Tamahori. Intérpretes: Pierce Brosnan, Hal-le Berry, Judi Dench, Rick Yune, Toby Stephens, John Cleese, Madonna.

La última interpretación de Pierce Brosnan como 007 supone un nuevo aluvión de agitaciones, en este caso a costa de una comprometida misión en Corea del Norte en la que un agente traidor intentará provocar un conflicto militar. En realidad, todas las películas de James Bond son más de lo mismo (casi siempre, menos de lo mismo), pero lo cierto es que algunas están rodadas con más destreza que otras, y en este caso la presencia de Halle Berry también tiene su peso. Tiene algunas escenas jugosas, la mayoría en la primera mitad, pero también lleva a 007 al terreno de los efectos digitales, territorio casi de ciencia-ficción que se siente casi como una traición a lo que ha sido siempre la franquicia. Ideada para entretener y no tener que pensar demasiado: imá-genes sensuales, explosiones y derroche de efectos especiales. “Hueca y aparatosa trola digital (…) en Muere otro día no es Bond, sino la chica Bond quien –con la deslumbradora garra de ser el más espectacular, rotundo y turbador efecto (obviamente, no digital) de todos– salva del naufragio al pedestre filme, porque una vez que Halle Berry emerge del mar uno quiere seguir viéndola emerger una y otra vez”.
La trama se inicia en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas donde James Bond es enviado para investigar la venta ilegal de armas; por desgracia tras una espectacular escena de acción, y una persecución que no se le queda a la zaga, terminará siendo apresado y torturado. A los 14 meses es intercambiado por Zao (Rick Yune) un peligroso terrorista coreano. Al volver con su organización, se le considera un traidor y se le rescinde el grado de 00 o lo que es igual, su li-cencia para matar. Pero Bond, ofendido por haber sido abandonado por “M”, no se queda de brazos cruzados y se pone en la tarea de averiguar quien fue la persona que lo traicionó durante la misión en Corea del Norte. Su investigación le lleva a Cuba donde conoce a Jinx (Halle Be-rry), que es, aunque él no lo sabe, una agente de la Agencia de Seguridad Nacional. Pronto ha de volver al trabajo al descubrirse que un misterioso millonario, Gustav Graves (Toby Stephens), parece tener “negocios” con la gente de Zao y puede ser un gran peligro por sí mismo ya que ha creado un satélite capaz de dirigir la luz solar a lugares específicos de la Tierra y destruirlos. Ja-mes Bond habrá de posponer sus planes de venganza para ocuparse de truncar los planes de Graves y Zao eligiendo al mismo tiempo otro día para morir.