PELÍCULA: American beauty

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EE UU, 1999 (113 minutos). Director: Sam Mendes. Intérpretes: Kevin Spacey, Annette Bening, Mena Suvari, Thora Birch, Wes Bentley.

Los oscars a la mejor película, director, actor principal, guión original y fotografía (Conrad L. Hall) son la sobresaliente carta de presentación de esta irónica y mordaz reflexión sobre los sueños y las aspiraciones de la clase media americana vistos a través de los ojos de un hombre, Lester (Kevin Spacey), que después de asumir su despido laboral y la infidelidad de su mujer es capaz de reírse de sus propias desgracias tras adoptar un nuevo código de valores. Algo hue-le a podrido en Norteamérica. Tragicomedia americana, ácida y cruel, de finales de siglo, Ame-rican Beauty es como una fábula. La fábula de la clase media estadounidense en la que de po-co sirve alcanzar el American Way of Life –traducido: un matrimonio, una hija, un trabajo y una casa con un sofá de seda– si todo está enmohecido por unas relaciones condenadas al fracaso y un día a día rutinario hasta la náusea. El vecino no está mejor: es más, aseguraría que apesta. Aquí es donde un ácido y demoledor guión arrasa con unos personajes magistralmente dibuja-dos, acertados en la breve exageración que cada uno tiene de su forma de ser, como prototipos de la sociedad en que vivimos: el inseguro, la ambiciosa, la acomplejada, el tímido, la guapa, el triunfador, el fascista… La película explora temas tales como la importancia puesta por las so-ciedades occidentales modernas en la apariencia y el éxito económico, y cómo estos menosca-ban las relaciones interpersonales, deformándolas y muchas veces generando la necesidad del escape. Cuando las comodidades materiales y la civilización se han instalado definitivamente en la mayor parte de la gente, American Beauty arremete contra los frágiles pilares morales y las relaciones superficiales, a través de la transformación del personaje principal (insuperable Spacey) y las implicaciones sobre el resto del rebaño. Por si fuera poco, Mendes y Ball nos venden su inteligente ensayo de manera asombrosamente entretenida, siendo de agradecer que una película como ésta, que destila bilis por cada fotograma, no dicte doctrina, no exponga so-luciones: sólo consecuencias. Que nos veamos reflejados, que observemos su fascinante bolsa de plástico… bella e hipnótica imagen de vacío contenido. Excelente trabajo de Kevin Spacey y brillante guión de Alan Ball, amén de una admirable dirección, para el sorprendente debut en el mundo del largometraje de Sam Mendes (Camino a la perdición).
Lester Burnham tiene un “serio problema”: una mujer inteligente, atractiva y elegante, una hija estupenda; una casa preciosa con un maravilloso jardín; un fabuloso coche de varios miles de dólares; un trabajo estable, con un sueldo realmente bueno. En definitiva, vive “como tiene que ser”. Pero a sus cuarenta y tantos años, Lester no puede sustraerse a ciertas cosas: unos vecinos más que extraños, la atracción que ejerce sobre él una amiga de su hija a la que intentará impre-sionar. Y en un intento por revolucionar su vida, desencadenará una reacción en cadena que afectará a todos los que viven a su alrededor.