PELÍCULA: Antes que el diablo sepa que has muerto

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EE UU, 2007 (120 m.). Director: Sydney Lumet. Intérpretes: Philip S. Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei.

Tuvo que ser un autor de 83 años quien filmase la mejor película estadounidense de 2007, un thriller modélico al tiempo que una tragedia de aires shakespearianos que abraza a unos persona-jes dominados por la angustia y la imposibilidad de escapar del destino. Quien quiera experi-mentar de primera mano lo que es la intensidad del thriller, la complejidad humana en sus aspec-tos más cotidianamente sórdidos o el virtuosismo narrativo sin estridencias, que corra a ver este nuevo trabajo de Lumet. Lumet rueda con rabia cuando hay que tirar de ella y con quietud cuando hay que describir el dolor interno. Lumet filma un aluvión de imágenes dolientes, sofo-cantes, para un relato que se desestructura en un entramado narrativo repleto de intrincados gi-ros. La complejidad de la trama se ve compensada con una aún mayor complejidad de forma, de estilo. La película más sombría, lúcida y trágica que ha hecho el cine americano en mucho tiempo. Original, moderno y clásico a la vez. Magistral.
Charles y Nanette Hanson criaron a sus hijos tradicionalmente. Andy (Philip Seymour Hoff-man), el mayor, casado con una mujer florero, Gina (Marisa Tomei), gana muy buen sueldo en una empresa de contabilidad. Hank (Ethan Hawke), el pequeño, ama a su hija y está intentando pagarle los estudios en uno de los mejores colegios privados de la ciudad. Pero la realidad es bien diferente: Andy se ha endeudado hasta las cejas para mantener su extravagante estilo de vida y su carísima drogadicción, y aunque sigue enamorado de su bella esposa, el matrimonio está pasando una mala racha. La empresa en la que trabaja está siendo investigada por hacienda. Su vida se está desintegrando por momentos y está desesperado. Hank también tiene problemas económicos: su sueldo no llega para pagar la pensión de su ex mujer y la manutención de su hija, bebe demasiado y está teniendo una aventura con la mujer de su hermano. Andy concibe un plan perfecto con el que espera solucionar los problemas de ambos, o al menos los económicos: Hank atracará la joyería familiar a primera hora de la mañana en cuanto abra la tienda. La ancia-na dependienta nunca sabrá quién ha dado el golpe. Papá y mamá se llevarán el dinero del segu-ro, ellos venderán las joyas y todos tan contentos. Hank no se atreve a dar el golpe, así que con-trata a un ladronzuelo callejero, Bobby, al que conoce del bar en el que pasa las horas muertas. Bobby atracará la tienda mientras Hank espera en el coche. Nada de pistolas, nada de violencia, y nada de problemas. Pero cuando su cómplice decide no cumplir las reglas del juego, las cosas no salen como ambos se esperaban.