España, 2002 (100 m.). Dirs: Agustí Villaronga, L. Zimmermann, Isaac Pierre Racine. Intérpre-tes: Daniel Giménez Cacho, Carmen Beato, Zoltan Zojan, Mariona Castillo.
En 1981, el húngaro Aro Tolbukhin fue detenido por haber quemado vivas a siete personas en un convento de Guatemala. Confesaría haber acabado con otras 17 vidas. Este apasionante y sobrecogedor filme (“un falso documental sobre un asesino real”, en palabras de su director, Agustí Villaronga) nace de la hipótesis del hallazgo de unas añejas filmaciones sobre el sujeto realizadas por un equipo de documentalistas franceses, que propician que Villaronga, junto a Lydia Zimmermann e Isaac Racine, reconstruya la historia y bucee en la vida del criminal, con-vertido casi en una metáfora de la condición humana. Desgarrada, cruenta, Aro Tolbukhin se convierte en una película de inaudita contundencia, en un hallazgo expresivo de primer orden y en una de las propuestas más intrépidas y feroces de los últimos años en el cine español. Una interesantísima mezcla de documental y ficción que escarba, mediante un arriesgado lenguaje visual, en las obsesiones de un asesino en serie.