Natural born killers. EE UU, 1994 (120 minutos). Director: Oliver Stone. Intérpretes: Woody Harrelson, Juliette Lewis, Robert Downey Jr.
Oliver Stone descarga una brutal andanada de violencia que apabulla al espectador más templa-do. Oliver Stone ha creado con Asesinos natos una película completamente revolucionaría e in-novadora: un delirio visual con un despliegue de técnicas inimaginables y un montaje enfebreci-do, espectacular que da lugar, en opinión de algunos, a la película más provocadora jamás reali-zada en un estudio de Hollywood desde La naranja mecánica. El filme sigue las andanzas de Mickey y Mallory, una pareja de criminales que deja tras de sí sangre y destrucción, una pareja con la que el propio demonio tendría pesadillas. A medida que esparcen su violencia, los medíos de comunicación les convierten en auténticas celebridades y en la noticia más morbosa del mo-mento. Y Stone satiriza cruelmente una sociedad que inculca violencia para más tarde horrori-zarse ante ella, en un torbellino de imágenes, incómodas hasta la extenuación, que agitan salva-jemente al espectador. Salvaje sátira, también, de la prensa sensacionalista. La película recibió el Gran Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia de 1994. Increíble premio según al-gún crítico para quien esta pseudopelícula, que vomita sin cesar imágenes violentas y efectistas, no tiene hilo argumental –una pareja de criminales que deja un reguero de cadáveres mientras les filman– y la cascada de planos y experimentos de montaje, ópticos y de cámara provoca ma-reos. Al mismísimo Tarantino le pareció deplorable, y solicitó que lo quitaran de los títulos de crédito como guionista porque, según dijo, “Oliver Stone había edulcorado su guión”.
Los amantes Mickey y Mallory son dos psicópatas y dos asesinos en serie que conducen por el país buscando el placer en la masacre del asesinato. Pero cuando los medios de comunicación empiezan a pregonar su cadena de crímenes, la pareja llega a convertirse en una especie de hé-roes.