EE UU, 1995 (170 minutos). Director: Mel Gibson, Intérpretes: Mel Gibson, Sophie Marceau, Patrick McGoohan, Catherine McCormack.
Este interesante drama épico fue una auténtica sorpresa que llegaba de la mano de Mel Gibson en su segunda película como director, tras su fallida El hombre sin rostro. Lejos de las efectistas truculencias de su posterior La Pasión, el cineasta recuperaba el aroma de los viejos clásicos aventureros para recrear con brío y notable capacidad visual la vida del héroe escocés del siglo XIII William Wallace, enfrentado al Ejército inglés en la batalla de Stirling. Gibson hace gala de una inesperada madurez en la puesta en escena, aunque no pueda evitar algún que otro exce-so formal y varias arbitrariedades del guión, y logra un filme complejo, vigoroso y excitante, que culmina en una apabullante batalla final, para cuya filmación se utilizaron incluso caballos mecánicos (una docena, además de 150 caballos reales, 300 voluntarios de las fuerzas irlandesas en la reserva y un armamento de flechas, lanzas y espadas). Este filme, que consiguió cinco os-cars (película, dirección, efectos sonoros, maquillaje y fotografía), consagró a Gibson como uno de los realizadores-actores más populares del momento. Muy espectacular.
A finales del siglo XIII, William Wallace regresa a su Escocia natal después de muchos años. El rey ha muerto sin heredero y Eduardo I, rey de Inglaterra, reclama para sí el trono. Wallace se convertirá entonces en un paladín de la causa escocesa liderando una revuelta popular contra el cruel monarca.