The day of the Jackal. EE UU, 1973 (145 m.). Director: Fred Zinnemann. Intérpretes: Edward Fox, Terence Alexander, Michel Auclair, Michel Lonsdale, Ciryl Cusack.
En la última etapa de su carrera, Fred Zinnemann realizó una sobria y fiel adaptación del best seller del por entonces popular Frederick Forsyth; sin duda, la mejor adaptación de la novela homónima (en 1997 se hizo una nueva versión encabezada por Bruce Willis y Richard Gere: las comparaciones resultan odiosas). Este excelente thriller de Zinnemann, uno de los filmes más interesantes del cine europeo, queda como ejemplo de película inteligente, preocupada por con-tar una historia y no por apabullar al espectador con zarandeos y frenesí. Zinnemann se com-promete con el relato y con sus personajes y describe de modo seco, conciso y casi glacial la aventura de un asesino a sueldo, metódico, hierático y despiadado, contratado para matar a De Gaulle. Zinnemann se propone una historia fría y directa, encuadrada a modo de investigación criminal, rozando incluso el tono semidocumental durante algunas fases del relato. Esta inexpre-sividad narrativa –la música incidental se reduce al mínimo, y casi todo el sonido proviene de los diálogos y el ruido ambiental–, clave para el éxito de la cinta, se logra gracias a un excelente manejo del ritmo y la acción, alejándose así de una intriga banal y hueca. La trama se apoya en una sólida construcción de personajes. El personaje principal, el propio criminal, se nos presenta de forma poco precisa, apenas se conocen datos de su personalidad, el interés se centra más bien en esbozar a un hombre calculador, podríamos decir incluso escrupulosamente profesional.
Después de numerosos intentos fallidos de asesinar al presidente de Francia, Charles de Gaulle, la OAS, organización terrorista de militares franceses de Argelia, contrata a un profesional des-conocido que se hace llamar Chacal (Edward Fox), un meticuloso y frío asesino a sueldo de ámbito internacional, de elegantes maneras, hombre de mil rostros e identidades, cuya verdade-ra personalidad nadie conoce. La novia de un paracaidista ejecutado por la justicia francesa co-labora con la OAS, obteniendo información sobre los movimientos de su víctima gracias a sus relaciones con Saint Clair, miembro del servicio de seguridad del Presidente. La actividad de la OAS cesa mientras se planifica el nuevo atentado. Pero eso pone en alerta la Ministerio de Se-guridad galo, que empieza a sospechar que el peligroso grupo armado está preparando otro im-portante golpe. El asesino pone en jaque a la policía, que le va siguiendo la pista a pesar de que no conoce su rostro. La tensión va creciendo mientras los metódicos preparativos de Chacal co-rren paralelos a los esfuerzos de la policía para destapar el complot