PELÍCULA: Chinatown

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EE UU, 1974 (126 m.). Director: Roman Polanski. Intérpretes: Jack Nicholson, Fa-ye Duna-way, John Huston.

Roman Polanski aterrizó en el cine estadounidense en el año 1972 con una obra maestra del ca-libre de La semilla del diablo. Dos años más tarde, en plena forma, se arrojaba a una revisión de los códigos del cine negro clásico y entregaba otro filme admirable, una pieza de relojería que se sostenía en un magnífico guión de Robert Towne. Chinatown funciona a medio camino en-tre la recreación y el homenaje, pero ofrece, además, una intriga absorbente que manipula el re-lato con maestría para envolver al espectador en un mundo corrupto donde el arribismo es ley y en el que los sentimientos sólo pueden ser turbios.
Es Chinatown una película profundamente pesimista, en consonancia con la insatisfacción y de-silusión de la sociedad americana del momento (fracaso de la Guerra de Vietman, escándalo de dimisión de Nixon por el Watergate…) y con el dolor y la impotencia del propio director por el reciente asesinato de su mujer y su hijo. Al igual que en La semilla del diablo, Polanski nos ofrece una parábola del mal insertado no sólo en las capas más altas de una sociedad, sino que esa corrupción afecta a todas las esferas, llegando a la más importante, la que tiene que ver con la degradación de las relaciones personales. Es Chinatown una película pulcra en su aspecto formal y estético, pero que oculta en su interior una violencia interna que va más allá de cual-quier estallido ocasional sangriento (haciendo referencia a la escena del corte de nariz que le propina un chulesco Roman Polanski al personaje interpretado por Jack Nicholson), sino que transciende más allá, como puede comprobarse en las magníficas secuencias de cierre. Y es que en ellas se concentra todo el espíritu de Chinatown, el de encerrona no sólo física, sino también moral, el de la sensación de impotencia, de no poder cambiar el pasado, pero tampoco el presen-te (que nos conduce a la idea de ciclo irreversible), ni siquiera el futuro, pues los malos ganan, y su perversidad será la que construya el porvenir de la civilizaciones. Y de eso se da cuanta Git-tes en el último momento, a través de esa mirada perdida que transluce nítidamente que no hay lugar para la salvación, y que su existencia ha vuelto a perderse en la malas calles de Chinatown.
Un memorable Jack Nicholson recrea un personaje que se convierte en icono y que sería digno de Chandler o Hammett. Ella, Faye Dunaway, maravillosa en su papel de mujer fatal. Secuen-cias como aquélla en la que el propio Polanski ataca al protagonista para cortarle la nariz perma-necen como un referente ineludible. Film sólido, de guión modélico y lleno de nervio. Muy buena.
Los Ángeles, década de 1930. Jake Gittes (Jack Nicholson), ahora detective privado especialis-ta en “asuntos matrimoniales”, fue miembro de la policía en el sector de Chinatown, un lugar de mala suerte para él. En este momento es contratado por la que dice ser esposa de Hollis Mulwray, el ingeniero jefe del Servicio de Aguas de la ciudad, para seguir la pista a su supuesto marido. Gittes le fotografía en compañía de una joven rubia, fotografía que sale a la luz pública con el consiguiente desprestigio para Mulwray, y con eso cree haber cerrado el caso. Pero en su despacho aparece la verdadera mujer de Mulwray, Evelyn Mulwray (Faye Dunaway). Descolo-cado, Gittes sigue investigando. Mulwray aparece muerto, ahogado, y se presenta como un ac-cidente. Pero Gittes, que, siguiendo a Mulwray, ha visto maniobras extrañas en la construcción o no de un pantano que paliaría la sequía que sufren los agricultores de la zona, cree que es un asesinato. Y así se lo hace saber a Evelyn. Gittes decide seguir investigando y Evelyn le contra-ta para descubrir a los responsables del crimen. También Noah Cross (John Huston), el padre de Evelyn y antiguo socio de Mulwray, lo contrata para encontrar a la joven rubia de la fotografía, que ha desaparecido. Así se verá envuelto en una historia de asesinatos y corrupción, alrededor de Noah Cross (John Huston), eje de un plan fraudulento para adquirir terrenos económicos de secano, llevar agua allí y revenderlos a un alto precio. Cuando se enfrenta con Noah Cross (John Huston), Gittes cree saberlo todo, pero todavía le aguarda una verdad mucho más sórdida, el incesto: la joven rubia es hermana e hija de Evelyn. Luego, las circunstancias le obligan a regre-sar a su vieja guarida en Chinatown y se percata entonces de su propia impotencia ante un Noah Cross, rico y depravado. “Olvídalo, Jake,” le dice su antiguo socio. “Esto es Chinatown”.