EE UU, 2003 (90 m.). Director: Michael Winterbottom. Intérpretes: Tim Robbins, Samantha Morton.
Desde el inicio de los años noventa, el británico Michael Winterbottom emula el ritmo de traba-jo de Woody Allen y entrega una película tras otra. Se mueve en diversos territorios dramáti-cos, desde la ficción documental de In this world hasta el retrato musical y sociológico de 24 hours party people, pasando por la indagación erótica de 9 songs. Código 46 es un filme de ciencia-ficción que funciona también como alegoría de un mundo, el nuestro, sometido por los poderosos, herido y deshumanizado. Narra, con una estética muy cuidada y tono apocalíptico, una desgarradora historia de amor imposible debido a la incompatibilidad genética. Y, aunque ambientada en el futuro y poseedora de una notable intención política, finalmente, Código 46 resulta ser eso, una emotiva historia de amor tan desgarrada como subyugante, agigantada por una monumental pareja protagonista. Diferente.
En un futuro cercano, las atestadas ciudades, protegidas por puntos de control de alta seguri-dad, están rodeadas de áreas desérticas pobladas por gente sin condición de ciudadanos; sus vidas se ven sometidas a serias limitaciones al no disponer de “papeles” (una especie de póliza de seguros, pasaporte y visado todo en uno.) William Geld, detective de la Agencia Pinkerton y residente en Seattle, viaja a Shangai para investigar los “papeles” falsos que salen de la Agencia de Seguros Sphinx. Williams, al que se le ha inoculado un “virus empático” que le permite de-tectar cuál de los empleados sospechosos miente, recela inmediatamente de María González. Sin embargo, William se enamora de ella, por lo que dirige las sospechas hacia otro empleado.