EE UU, 2012 (110 m.). Director: Baltasar Kormákur. Intérpretes: Mark Wahlberg, Kate Beckinsale, Giovanni Ribisi, Lukas Haas.
Remake norteamericano de Reykjavík-Rotterdam (Oskar Jónasson, 2008), que “no aportará nada sustancial a quien ya conozca la original” (Jordi Costa). El que en la original era el protagonista, Baltasar Kormákur, ahora es el director. Narra cómo un delincuente reformado (Mark Wahl-berg) se ve abocado a un último golpe. Es una película de género, no una obra de arte, pero es un entretenimiento perfectamente satisfactorio. Este sólido –aunque desechable– ejercicio de género mantiene una línea de acción dura y un compromiso con una narrativa trepidante que predomina por delante de baches narrativos y giros ridículos. El desenlace es algo decepcionan-te. Para otros es una obra vibrante, tersa, impecablemente ejecutada e interpretada, con muy buenos secundarios. No está mal.
Hace tiempo que Chris Farraday (Wahlberg) dejó el mundo de la delincuencia. Pero, cuando su cuñado Andy (Landry Jones) fracasa en un asunto de drogas que le había encargado su impla-cable jefe Tim Briggs (Giovanni Ribisi), Chris se verá obligado a volver al contrabando para pa-gar la deuda de Andy y proteger a su familia. Después de reunir un equipo de primera con la ayuda de su mejor amigo (Ben Foster), se van a Panamá: la operación consiste en traer millones de dólares en billetes falsos. Chris tendrá que utilizar todos sus recursos para eludir una peligro-sa red criminal de narcos, policías y sicarios, antes de que su esposa (Kate Beckinsale) y sus hi-jos se conviertan en objetivo de la banda.