PELÍCULA: Delicias turcas

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Turks Fruit. Holanda, 1973 (96 m.). Director: Paul Verhoeven. Intérpretes: Rutger Hauer, Monique Van de Ven, Tonny Huurdeman, Win Van den Brink, Hans Boskamp.

Verhoeven se da a conocer con una historia fresca, libre y desenfadada, inspirada en la novela Turks Fruit (1969), de Jan Wolkers. La película constituye un interesante documento sobre la sociedad europea de los años 70 anteriores al primer crac del petróleo (diciembre 1973). Una apuesta a favor de un feroz realismo narrativo, del amor libre y de la revolución sexual que proliferó en la sociedad europea y americana de los años 60 y 70, décadas marcadas por la prosperidad económica, el desencanto juvenil asociado a la elevación del éxito económico a categoría de valor central de la sociedad occidental y la progresión de la liberación de la mujer. El protagonista, Erik, un escultor bohemio, acreditado y apasionado por su trabajo, encarna los nuevos ideales y, como tal, se encuentra enfrentado a la vieja sociedad, que le rechaza por bohemio, extravagante, transgresor e indigno de Olga, cuya madre representa los valores burgueses de represión e hipocresía, el verdadero cáncer que afecta a Olga y convierten a ésta en una especie de copia de su madre, sobre todo cuando vuelve de Estados Unidos. Un romance intenso, desinhibido y vital, deudor del expresionismo que marcó a Buñuel o Fellini. La narración del amor de Erik y Olga se desarrolla con gran fuerza narrativa, notable frescura, sentido de la provocación y una estética ferozmente realista que, en ocasiones, busca el rechazo expresionista (ojo de venado en el plato, defecación del can, vómitos, sordidez del apartamento de Erik). El realismo se complementa con escenas de humor surrealista como la boda, la agonía del padre, la inauguración de una escultura en un parque, el fetichismo de Erik (album de mechones de cabello, de vello púbico, fotos, etc.). Esta comicidad encuentra un marcado y brusco contraste en el dramatismo de la segunda parte, en la que se reencuentran los amantes tras un largo distanciamiento. La pelicula generó y sigue generando dos corrientes de opinión: quienes la tildan de obscena, pornográfica, absurda y sexista y quienes la consideran una obra maestra. A su favor se ha dicho que es una maravillosa historia de amor, una delirante sátira a la sociedad de su época y la cinta más auténtica sobre la revolución sexual de los 70. En todo caso, Delicias Turcas fue considerada la mejor película holandesa del siglo en el Festival de Cine de los Países Bajos de 1999 y nominada al Óscar como mejor película de habla no inglesa. Es la producción más taquillera de la historia del cine holandés.
La acción tiene lugar en Amsterdam en 1972/73 y resume un período de tiempo de unos tres años, incluido el flashback que narra el encuentro, la historia de amor y la ruptura de Erik (Rutger Hauer) y Olga (Monique van de Ven), una bella joven de familia burguesa. Erik conoce a Olga haciendo autoestop e inmediatamente se ve atraído por ella. Hacen el amor en el coche con una intensidad que roza lo cómico, sobre todo cuando el líquido del limpiaparabrisas sale a presión simulando una eyaculación. Sin embargo, este va a ser uno de los pocos momentos en los que la pareja podrá dar rienda suelta a su pasión, ya que durante el resto de la película una serie de circunstancias irá truncando la relación entre ambos. La primera, poco después de ese primer “encuentro” en el coche: sufren un accidente durante el viaje, y Erik pierde la pista a Olga tras el accidente. Días después, Erik busca a Olga sin descanso y se encuentra con la madre de ésta. La madre de Olga es la represión personificada, una burguesa hipócrita que no quiere a Erik cerca de su hija por ser un artista bohemio.
Pese a la negación de la madre, la pareja decide casarse. Pero lo que parece el inicio de una próspera relación se ve truncada radicalmente. Erik demuestra su lado más egoísta, de modo que Olga se ve solo como un mero objeto para el sexo, sobre todo cuando éste vende un dibujo de ambos haciendo el amor. La relación entre ambos sufre altibajos hasta que finalmente en una cena familiar en la que el propio Erik está presente Olga, ante el aplauso de todos y la estupefacción de Eric, le pone los cuernos con un acomodado hombre de negocios, mucho mayor que ella. La cena parece un propósito familiar para que Olga engañe a Erik. Éste vomita encima de Olga y de su madre, hecho que representa el odio visceral que siente por ella. Tras esto, Erik, repleto de rabia, destroza todas sus obras al llegar a su estudio, pero no puede evitar echarse a llorar al ver a un retrato de Olga.
Olga se va a Estados Unidos con su nuevo novio, el hombre de negocios. Erik, desolado y dominado por el recuerdo de su gran amor a Olga, trata de sobreponerse flirteando haciendo el amor con todas las mujeres que puede e imaginando escenas de venganza violenta para descargar su rabia contra los prejuicios que arruinaron su matrimonio. Pero el recuerdo de Olga revive en su memoria más allá de su voluntad, como explica el largo flashback. Pasan unos años y Erik se reencuentra con una Olga muy cambiada, muy distinta a la guapa joven que había conocido. Poco después del primer reencuentro, los médicos diagnostican a Olga un tumor cerebral. Erik cuida de Olga hasta que ésta muere a los pocos días, en una maravillosa secuencia final.