Mira que en la última década habré escrito unos cuantos comunicados oficiales, pero mira también que es una cosa que cada día me parece más devaluada. Antes se solía decir que hasta cualquiera hacía relojes, pues ahora, los que antes hacían relojes, hacen comunicados. Las redes sociales se han convertido en el verdadero alojamiento de este formato que, si bien en un principio servía para que una institución transmitiese una decisión importante, ahora no es más que para soltar aquello que te apetece en cada momento. En el Salamanca UDS parecen haberle cogido ‘el tranquillo’, sin darse cuenta de que lo que le sobran son comunicados vacíos y a destiempo y lo que le falta es decir la verdad en muchas cosas, dar más (bueno, más no, darla algo) la cara y mejorar la gestión y que se vea una mínima concordancia entre lo que prometen y lo que hacen. Y lo dice uno que se encuentra al margen de todo ello que soy como los cadáveres… frío. Eso no quiere decir que no desee lo mejor para el Salamanca UDS, al igual que lo quiero para el resto de clubes de fútbol y de otras disciplinas salmantinas.
Siempre he pensado que el deporte es un canal perfecto para transmitir valores y para convertirse en la imagen de lo que una sociedad es. Es incuestionable todo lo que la UDS le dio a la ciudad durante muchos años. Tan incuestionable como la ridícula gestión que conducen los actuales dirigentes/propietarios. Claro que por algo será, porque si no, no tiene mucho sentido que se vayan quemando todos y cada uno de los que pasan por puestos de gestión. Mucho trascender sí, pero nunca en el buen sentido. Si es la imagen que quieren exportar de México, allá ellos. Es su propiedad y que hagan lo que quieran. Eso no quiere decir que no le tenga aprecio a la mayoría, con los que he coincidido, vivido, sufrido y reído, pero la gestión que desarrolla el club desde que pasó de lleno a manos mexicanas no tiene otras palabras que las que resuenan por todo el mundillo futbolística: ridícula, nefasta y lamentable. Por mucho que presuman o quieran hacer ver, no llegan al nivel ni de un club de categoría provincial. No sé qué pensarán al otro lado del charco, pero si alguna reputación tiene alguno de los que viene para acá, acabará perdiéndola en 3, 2, 1. Pero allá cada cual.
Pues sí, le falta gestión y le falta dar la cara y le falta hacer las cosas bien. Y le basta no esconderse tras el formato del comunicado, ya que, generalmente, lo que suelen hacer es dejarlos en evidencia pues muchos de ellos son de cara a la galería.
Este formato se ha explotado tanto que ahora todo el mundo lo utiliza, los últimos, un grupo de peñistas del club. Para pedir mejoras (necesarias, por cierto), para expresarse, para soltar ese malestar. Peñas fieles, que cada partido están ahí, alentando al equipo, con lluvia, con nieve, con frío, con agua, dispuestos a echar una mano. Aguantando carros y carretas en estos mundos de las redes sociales. Lo triste es que ya lo último que le queda es sacar un comunicado público. Hacer pública esa desazón motivada por la desidia de los que mandan. Ellos sí que tienen necesidad de sacar un comunicado con un ‘SOS’. Bueno, la desidia a la que me refiero en los que mandan no es en todo, porque para bloquear en redes sociales, para tejer y ‘manejer’ con futbolistas, parece que andan más espabilados.
Pero en lo de los comunicados… me da que, al final, sólo sirven para tapar agujeros, que se han convertido en ‘trampantojos’ de los que los emiten (y no me refiero en ningún momento al de las peñas, que tiene mucho sentido y sólo han servido como inspiración a este artículo), tratando de silenciar a una masa decepcionada, tratando de acallar críticas, pero hace tiempo que no tienen nada que ver con un proyecto ilusionante. Con aquellos comunicados que encendían a miles de aficionados en apenas segundos. Que eran muestras de ilusión y saber por dónde caminar, que sabían lo que se quería y cómo se quería. En definitiva, que tenían un sentido que parecen haber ido perdiendo con el paso del tiempo… y de las andanzas. Menos comunicados y más realidades es lo que necesita este club. Menos comunicados y más respeto por el escudo y por los miles de aficionados que lo sienten como si lo llevaran cosidos a la propia piel, entre ellos esos peñistas a los que sólo le queda el apelar a la buena fe de unos dirigentes que, hasta ahora, no parecen tenerla o, si la tienen, no la demuestran.
Todavía quedan unos días para fin de año, para hacer algún balance, para intentar tener una perspectiva medianamente positiva, pero, de momento, dejemos que la gente acabe de digerir los últimos dos meses y, si se puede, empezar a pensar en reconducir una situación que va camino del desastre… y ya van unos cuantos.
Por cierto, si no les escribo antes… ¡Feliz Navidad!