Álvaro y Lorena, los chicos de oro

- en Deportes
Alvaro de Arriba y Lorena Martin

El tiempo vuela y, aunque parezca que fue ayer, han pasado ya más de veinte años desde que el recordado Carlos Gil-Pérez me enseñaba la importante diferencia entre las categorías inferiores y la absoluta. En una de nuestras habituales conversaciones me felicitaba por el amplio tratamiento que había realizado en El Adelanto a dos títulos nacionales de atletas en edad cadete. Ambos habían sido oro. En cambio, di un tratamiento menor a un atleta absoluto que había sido bronce en su disciplina. Obviamente era un oro frente a un bronce y en mi particular escala, el oro estaba muy por encima del bronce.

El maestro lo entendió perfectamente, pero también me transmitió la mayor importancia que tiene siempre la categoría absoluta cuando entra en comparación con el resto. Por eso, el doble título cosechado este fin de semana por los salmantinos Lorena Martín y Álvaro de Arriba me parece de un valor incalculable. Lo es mucho más porque la distancia de ambos, los 800 metros, me parece, junto a los 400, la más complicada del atletismo, por lo exigente de mantener una enorme potencia durante unas distancias bastante largas. Además, es una prueba en la que Salamanca ha destacado, pero donde ha brillado, sobre manera, Rosa Colorado, con casi una decena de títulos nacionales, concretamente cinco al aire libre y cuatro en pista, y en la que fue seleccionada para representar a España en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988.

Además, aunque hace ya unos cuantos años que me desvinculé de forma profesional del atletismo (como periodista, claro, no siendo que los que me conocen se echen unas risas o alguien se piense que he llegado a practicarlo en alguna ocasión –ojalá-), intento seguirlo de cerca y, aunque no lo hago tanto como quisiera, es imposible no conocer los éxitos tanto de Lorena como de Álvaro. Además, a los dos los he podido seguir de cerca también en categorías inferiores.

Ambos tienen muchas coincidencias, aunque también llegan al éxito del fin de semana por caminos distintos. Es la ambición, las ganas, el esfuerzo y la fortaleza mental la que les ha llevado a dominar su distancia.

Pilar García, atleta peñarandina, escribía en alusión a su paisana en twitter que “solo tú, tu familia y tu entorno saben lo que hay detrás de lo conseguido hoy”. Y no es que sepa lo que dice, sino que traslada la verdadera realidad porque al final, el atletismo es una lucha contra sí mismo, contra el tiempo y contra el espacio. Más alto, más lejos, más fuerte. Es una superación constante, pero es que los atletas, además de ser atletas, son también personas que se enfrentan a diario a sí mismos, a sus circunstancias y, en muchas ocasiones a una soledad y a una incomprensión que te llevan a estar sólo contra el mundo, a ser incomprendido y a tener ganas de dejarlo. No es fácil darlo todo un año y otro año. Y no quiero ponerme melodramático, porque hay de todo y en todos los deportes, pero es cierto que cuando alguien consigue un objetivo como este, el valor tiene un mérito enorme que, por supuesto, todos tenemos derecho a compartir, pero si alguien tiene ese privilegio deben ser ellos, por lo que tiene su deporte de individual. Junto a ellos, deben disfrutar de ese privilegio los que lo dan todo para que puedan seguir adelante, porque al final, el sacrificio de uno conlleva también el sacrificio, de una u otra forma, de su círculo más íntimo. Porque ahora es el momento del triunfo, pero la mayoría de las veces las victorias van acompañadas de caídas y en esas caídas son pocos los que están para levantarlos.

Si alguien sabe de eso es Álvaro de Arriba, a quien muchos han querido señalar por ser él mismo cuando las cosas no le han salido como esperaba, sin pararse a pensar que el deporte es eso, una sucesión de buenos y malos momentos. Sin embargo, él ha tenido siempre la fortaleza mental para, cual Ave Fénix, no sólo renacer, sino demostrar que ha sabido guiarse y rodearse de aquello y aquellos que necesitaba para llegar al éxito. Y no olvidemos que, además de un importante número de éxitos nacionales, es campeón de Europa indoor en Glasgow 2019, bronce continental en Belgrado y ha sido olímpico y mundialista. Muchos lo quisieron enterrar, pero él ha sabido siempre de lo que es capaz. Por eso siempre ha seguido su camino sin importarle el qué dirán, sabedor de que el esfuerzo y sacrificio que realiza cada día terminan dando sus frutos. De Arriba apostó siempre por seguir las enseñanzas de su entrenador de siempre, en los momentos buenos, pero sobre todo en los malos y ambos siempre han sabido enfocar su carrera hacia los objetivos deportivos, no dejándose llevar por cantos de sirena que llegaban desde distintos puertos. Sin duda, el tiempo y los éxitos le avalan.

El caso de Lorena, por su parte, presenta alguna singularidad. Tras su paso por Estados Unidos, donde cursó estudios creo que, de Marketing, al regresar a España pasó a entrenar con el grupo de Uriel Reguero. Tras superar una fase de altos y bajos, probablemente producto de su regreso y de tratar de enfocar su vida profesional (esto es una suposición que no puedo confirmar) consiguió iniciar una progresión que le ha llevado a lograr su mejor marca personal, que es la mejor marca española del año, a ser internacional absoluta con España y, este domingo, a colgarse el oro en el Nacional y lograr plaza para las próximas citas internacionales con la selección.

A ambos he tenido la suerte de conocerlos. Con el primero he coincidido en varias ocasiones, recordando en especial, por supuesto, aquel saque que hizo ‘al alimón’ con el añorado José Luis Sánchez Paraíso en el Helmántico. A Lorena recuerdo que, tras varias entrevistas telefónicas en su etapa estadounidense, la saludé en una San Silvestre y pude descubrir que, a pesar de la concentración, esa sonrisa que transmitía por fotos, forma parte de su forma de ser. También tengo por costumbre felicitarlos en sus éxitos ya sea por redes o por whats app, así como darles ánimo cuando las cosas no les salen.

Los dos han puesto a Salamanca en su sitio en el mapa del atletismo nacional, están en un gran estado de forma y mantienen una evolución envidiable. Desde aquí mis felicitaciones porque han sabido brillar en categorías inferiores, pero demostrar que son los mejores en la categoría absoluta, la buena, aquella que un día Don Carlos Gil me transmitió que es donde se libran las batallas más importantes. Ambos me permiten sentirme orgulloso como salmantino y se convierten en un ejemplo para las nuevas generaciones. Fijarte un objetivo, trabajar, creer en ti mismo. Ojalá lo podamos aplicar todos en nuestras parcelas. De momento, disfrutemos del éxito de dos paisanos que ponen, aunque sea por un fin de semana, al atletismo en lo más alto del interés local… y nacional.

Autor

Periodista y comunicador. Licenciado por la Universidad Pontificia de Salamanca.