Carlos Gil Pérez: ‘Papá’ olímpico

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En estos días que tanto se habla de los Juegos, para bien o para mal, no está de más recordar la figura del que, sin duda, es el verdadero Olímpico salmantino por muchas razones. Primero porque probablemente es el que más presencias tuvo, entre técnico y periodista, segundo porque alumbró a varios de los olímpicos charros y tercero porque su visión del deporte y su amor por esta competición le convirtió en todo un especialista. Ya lo era en el atletismo y en casi todos los deportes, pero los Juegos era algo por lo que sentía especial pasión. De hecho sólo entrar en su casa ya te impregnaba el espíritu olímpico con los numerosos carteles de distintas ediciones que tenía en el vestíbulo.

Hablamos, sin duda, de Carlos Gil Pérez que estas últimas Olimpiadas, desde su fallecimiento en 2009, las ha tenido que ver desde el cielo, pero que durante su etapa más activa disfrutó en directo de ocho ediciones, incluidos los de Barcelona-92, unos Juegos que alumbran la memoria de todos los españoles.

Su ‘sueño’ y decimos bien, ‘sueño’, porque los que no tenemos cualidades deportivas también soñamos con ser olímpicos de otras formas, ya sea como periodistas o como espectadores, empezó allá por 1960, cuando se fue por su cuenta a Roma junto a su pupilo y amigo José Luis Albarrán. Allí, junto al primer olímpico charro, vivió un montón de aventuras propias de los debutantes, de la mano de Miguel de la Cuadra Salcedo, de Luis Felipe Areta y una larga lista de atletas ya históricos. Las anécdotas que las hubo, quedan para su recuerdo, aunque algunas tuvieron la oportunidad de testimoniarlas.

Siempre me recordó su crónica de ‘Los Juegos Rotos’ dictada desde Múnich a D. Enrique de Sena por teléfono tras los atentados y que estos días hemos recordado en algún escrito haciendo una especie de paralelismo dialéctico con estos ‘Juegos Raros’ donde el Covid sigue apareciendo un día sí (hoy le tocaba el turno a Momparler) y otro también.

Pero Gil Pérez fue, sobre todo, un hombre entregado a sus atletas. Albarrán (Roma, 1960), Paraíso (1968, 1972 y 1976), Antonio Sánchez (1984, 1988 y 1992), Rosa Colorado (1988) y Frutos Feo (Atlanta 1996) fueron sus grandes obras. Con ellos disfrutó de la experiencia de sentirse olímpico de verdad. De proyectar todos sus sueños. Lo sé porque me lo dijo en persona, porque le vi brillar los ojos mientras disfrutaba de su pipa, allí, en ese rincón de Cristo de los Milagros donde vive ya para siempre una de las partes más importantes del deporte y del periodismo salmantino.

Carlos Gil Perez

Foto: Gil Pérez con sus olímpicos (Albarrán, Paraíso, Antonio Sánchez, Rosa Colorado y Frutos Feo)

 

Autor

Periodista y comunicador. Licenciado por la Universidad Pontificia de Salamanca.