César Santos (In Memorian)

- en Deportes

El pasado martes me llegaba un escueto mensaje al móvil notificándome el triste fallecimiento de César Santos López. Era su sobrino, quien me agradecía el trato que le había dispensado en la que fue su última visita al Helmántico. El motivo no era otro que tomarle testimonio para incluirlo en el inacabado libro del 50 aniversario del estadio, que, estoy seguro, más pronto que tarde verá la luz. Lo merece Salamanca y lo merecen los miles y miles de salmantinos que atesoran recuerdos inolvidables en el vetusto recinto que, aunque siempre ha sido de titularidad privada, es un bien intangible de cualquier charro que se precie y de una legión de aficionados al fútbol por toda España. También por el valor de múltiples testimonios recogidos.

Por desgracia, algunos de esos testimonios, han sido los últimos de sus protagonistas y, desgraciadamente, el pasado martes César Santos se unía a esa luctuosa lista de ilustres que, durante estos meses nos han dejado, como los ex futbolistas José Manuel o Enrique Miguel.

César Santos fue el árbitro del partido inaugural del Estadio Helmántico, aquel 8 de abril de 1970. Un momento que me confesó “especial”, para él, para Salamanca y para todos los que ese día poblaron las gradas. Un “orgullo”, calificó.

Nacido el 9 de mayo de 1931, se ha quedado a apenas unos días de cumplir los 91 años pero, en cambio, ha cumplido sueños y ha vivido experiencias que muchos, aunque vivamos cien años, probablemente no podamos contar. Con más de 600 partidos a sus espaldas, llegó a arbitrar cuatro temporadas en Segunda División, pero lo importante es que todos le recuerdan como un verdadero árbitro, un apasionado del oficio. Por eso, aquel día que lo llevamos al Helmántico. Llegó con numerosas fotografías antiguas. Las lucía con orgullo, con el mismo que nos hablaba de su hermano Arturo, primer árbitro charro en llegar a Primera División y con el que César fue línea en muchas ocasiones. Cuenta Manuel Rodríguez, Marogar, en su libro Esplendor en la hierba, que era un árbitro cercano, que ayudaba en muchas ocasiones a los futbolistas a realizar acciones de forma correcta.

César Santos presumía de la Unión Deportiva Salamanca, de lo que llegó a vivir y de una etapa en la que, sin ser directivo, colaboró muy activamente con el club, como lo ha hecho también su familia de una forma u otra, una familia que ahora lo recuerda con cariño. Nosotros nos quedamos con aquella confesión que nos hizo aquel día en el Helmántico: “Entre ser árbitro o millonario siempre dije que quería ser árbitro. Lo he llevado en la sangre y ´lo llevaré hasta que me muera”, sentenció. DEP.

*Fotografía de Álex López.