La crucifixión de Luis Enrique y el ascenso a los altares de Gavi

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Luis Enrique seleccionador de España

De momento abro el paraguas ‘para por si acaso’. En unos días hemos pasado de expertos en Covid a expertos en volcanes. La última es expertos en Gavi, un chico de 17 años que hace una semana apenas conocía nadie, especialmente nosotros, los periodistas, pero del que ahora parece que, tras ver cómo jugaba ante Italia todos somos expertos. De hecho, prácticamente pedimos el ‘Balón de Oro’ para él y pensamos que el futuro de España es Gavi y diez más. ¡Pues no queda tela por cortar! Miedo me da que el domingo no tenga un buen día ante Francia y empiecen de nuevo a darle patadas a Luis Enrique en su culo y digan que es que era demasiado pronto y demás frases hechas.

Lo cierto es que después de sacudirle por todas partes al técnico asturiano, ahora resulta que todos reconocemos que él sabía más y conocía mejor al futbolista que nosotros. Pero, ¿qué más da? Si podemos hacer un día la más contundente de las afirmaciones y al día siguiente defender con vehemencia lo contrario sin ponernos colorados. Si en la profesión de tertuliano cabe todo. Da igual quién hable, da igual de lo que hable, da igual lo que se diga. El espacio se rellena y punto. Tiene una audiencia determinada, que consume lo que sea con tal de que hablen de su deporte favorito y con eso vale.

Cuando empecé en esto del periodismo, estaba totalmente prohibido utilizar el condicional, claro, porque “puede que sí”, pero “puede que no”; “podría ser” o podría no ser”. Es como lo de ponerle la grabadora en el mercado invernal a un futbolista al que su entrenador no le da bola. “Si viene una oferta de… te marcharías?”, pues claro que se marcharía. Si le pagan más y juega, pues es una obviedad. Sin duda una buena forma para rellenar los espacios en esa época invernal donde escasean las noticias de actualidad.

Escucho a diario una emisora deportiva en la que no alcanzo a contar cuántas tertulias pueden realizar al día. Escucho a una chica (desconozco si es periodista o no). Yo la recuerdo más por su exuberancia que por su inteligencia en un programa televisivo. De hecho, llegué a pensar que trabajaba allí más por lo primero que por lo segundo (llámenme machista o inocente, pero en algún momento llegué a pensarlo). Le escucho decir que si España despliega todo su fútbol el domingo, que si Francia le deja el balón y tal y tal. Vamos le faltó decir que si España marca un gol más que Francia se llevará el título. Ese es el nivel que estamos alcanzando últimamente. Entiendo que al final Luis Enrique crea que tiene más conocimientos futbolísticos que nosotros, los periodistas. Y pienso que es verdad. Si algo ha demostrado es que es un entrenador con las ideas claras y fijas. Que le va la marcha y no se esconde ante ningún desafío, y que no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones. Partiendo de esas premisas, en todos los equipos donde ha estado ha obtenido excelentes resultados y en una España que necesita un periodo de transición está demostrando que está dispuesto a hacer todas las pruebas necesarias para dar con un equipo que compita al máximo nivel y donde la idea colectiva esté por encima de la individual (vamos, lo que es un equipo). Aun así, le juzgamos por su proceder en las ruedas de prensa donde, por otro lado, lo único que hace es ser directo y creo que casi siempre sincero. Nos deja titulares, que es lo que queremos para seguir retroalimentándonos. Pero no nos vale, además debe ser simpático y divertido. Os confieso que, para mí tiene su punto en ese aspecto.

Algún contertulio le critica porque no procede como a él le gustaría cuando apenas tiene apariciones públicas. Pero… ¿Nos hemos parado a pensar si todo el mundo está preparado para soportar en sus apariciones preguntas malintencionadas? ¿Nos preguntamos cómo actuaríamos nosotros ante ciertas cuestiones? ¿Hemos pensado en la enorme dimensión que sabe que van a tener sus respuestas? Este y otros interrogantes parecidos me surgen cuando me da la opinión que pedimos a los demás algo que nosotros no somos capaces de dar. Que pedimos generosidad cuando nosotros somos crueles. Cuando pedimos respeto pero lo perdemos a la mínima ocasión. Cuando hacemos afirmaciones de cosas que desconocemos simplemente por la intuición. ¿O se creen que todos los que hablan de M’Bappé han hablado en alguna ocasión con él o con su entorno, o han comido con él? Pero da igual mientras cubramos el tiempo requerido. Pedimos una humildad que nosotros en ocasiones no tenemos. Y no digo yo que no tengamos derecho, y no digo yo que sea parte de nuestra profesión opinar, pero antes de acusar a nadie debemos mirarnos a nosotros mismos. Nos irá mejor. Y ahora, pues seguiré con el paraguas abierto, pero deseando que Luis Enrique acierte y España siga dando la cara como lo ha hecho con Gavi, sin Gavi, con Pedri, sin Pedri, con Luis Enrique o sin él. Porque esta historia le suena a vieja a alguien que conoció “la selección de Clemente y sus intocables”, los palos que le dieron a Luis Aragonés cuando prescindió de Raúl, los que le cayeron a mi paisano Vicente del Bosque al que acusaban de blando y que ganaba gracias a los futbolistas, a Iñaki Sáez… Y es que nunca llueve a gusto de todos y en España somos ya 47 millones de seleccionadores.

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