Está visto que este año lo de correr una San Silvestre es casi una misión imposible. Estoy inscrito para la de Cádiz del jueves 30, pero quedó descartada hace mucho porque estas navidades no podemos bajar y en cuanto a la de aquí no me había inscrito pensando que no estaría y estaba sondeando la posibilidad de encontrar un dorsal libre, cuando llego la noticia de la suspensión y todo se ha ido al garete. Casi siete mil personas que se han quedado con las ganas y habrá que esperar a la próxima edición para correr de nuevo por las calles de Salamanca, aunque en las redes sociales he visto que muchos la han hecho por su cuenta y no ha faltado a la cita ni Antolín Ramos para inmortalizar su paso por el puente romano. ¡Bravo!
No voy a entrar en si me parece bien o no la suspensión porque juntar tanta gente en la carrera, antes y sobre todo después, con lo que bajamos la guardia al acabar, que todo hay que reconocerlo, puede ser problemático en la situación que estamos. Ahora, esto es un `sindiós´ porque unas carreras se hacen y otras no, hay espectáculos en interior sin aforo, mascarilla en la calle y en los interiores de los bares hay quien piensa que la norma no existe…
Ahora bien. Con respecto a la mascarilla en la calle, es cierto que probablemente sea una medida poco efectiva, aunque os puedo asegurar que yo no me la quito durante toda la jornada laboral, pero es que los españoles somos de los de `rascar´ todo lo que podamos y si no es obligatoria en la calle pues ya no me la pongo desde que salgo por la puerta, ni en las escaleras ni en el ascensor, `ancha es castilla´ (escribo en plural por no herir susceptibilidades). A ver si ahora eso ya no pasa.
Y como no había San Silvestre, se me ocurrió quedar para correr con los compañeros del club y los alumnos de la escuela esa misma mañana, pero con el agua que estaba cayendo hubo que aplazarlo al próximo domingo que también es buena fecha para quemar los excesos de estos días, aunque en mi caso he de decir que de excesos pocos o más bien nada.
Eso sí, sobre las 12 hubo una pequeña tregua meteorológica y aproveché para ponerme la ropa de correr y el chubasquero y a la calle. Una hora por calles y caminos encharcados que me vino muy bien para despejarme.
De vez en cuando pinteaba un poco, a ratos un mucho, pero como ya estaba corriendo no me molestaba y casi os puedo decir que se agradecía y la sensación de correr bajo el agua es muy gratificante siempre que no termines quedándote frío. Al acabar me hice una foto con el contenedor para tapones que han colocado en el parque del castillo, que no lo había visto ya colocado y hay mucha gente que no lo sabe porque me preguntan donde se pueden dejar los tapones que antes recogían en otros lugares y que ahora por normativa no se puede.
Según salía por la puerta me recordó Ana que el día anterior tildé de insensatos a unos ciclistas que iban por la carretera cuando más llovía, por salir en esas condiciones o por lo menos no mirar la previsión meteorológica. Y es que en el recorrido de Alba a Salamanca nos encontramos en total con cinco ciclistas que se estaban mojando de lo lindo y lo que les quedara hasta llegar a casa. Todavía antes de cerrar la puerta me dio tiempo a oírla que me decía lo mismo que sobre los ciclistas del día anterior, que tenemos tal ansiedad por salir que al final no aguantamos y nos da igual el tiempo que haga. ¡Si va a tener razón!
Por cierto, que el viernes por la mañana por fin volví a salir con la bici. Un mes después y con la de montaña hice la vía verde, no creo que tuviera piernas para mucho más, y retomé las sensaciones de pedalear sin rodillo, que es lo que he podido hacer tres veces en este tiempo. Lo dicho, vía verde a mi ritmo y sin forzar más de la cuenta, hasta Carbajosa y vuelta por la estación antigua de tren de Alba para después enlazar por la carretera de Torrejón hasta casa.
Me crucé con numerosos ciclistas y entre ellos varios conocidos. A la ida, en los Arapiles, con Tate, que iba acompañado de algunos más que no pude reconocer y en la vuelta, por la zona de Terradillos, con mi compañera de trabajo y club, You, que además estrenaba por fin la bici que `solo´ le ha tardado algo más de un año en llegar. Más de un año y porque al final en la tienda han hecho unos cambios en lo que había pedido, que si no estaría todavía esperando. A disfrutarla.
Más de dos meses después, que sirva de excusa el mes que no la he tocado, seguía sin ajustar el cambio trasero después de haber cambiado la cadena. Sí había terminado de cortar la cadena a la medida requerida porque en la última salida me di cuenta que sobraban tres eslabones más, pero como lo de ajustar el cambio en teoría requiere de tiempo y paciencia no lo había llegado a hacer y me acordé en la primera ocasión que fui a cambiar al piñón pequeño y seguía saltando. ¡Qué desastre!
Así que nada más llegar lo primero que hice fue soltar un poco de cable para que el desviador trasero pudiera bajar más. Es probable que con eso y ajustando la tensión de la maneta en la próxima salida (cosa que puedo hacer en marcha) se solucione. Sí, ya sé que así no se hace, que debería haber ajustado perfectamente el cambio, salir a probar y volver a ajustar si fuera necesario, pero ni tiempo ni ganas, para que os voy a engañar.