Nadie que me conozca podrá acusarme de seguidor de Unionistas. No comparto la mayor parte de su forma de trabajar, o de su ideología, no comparto ciertas formas de actuar y no comparto la forma de proceder de muchas personas que están dentro de ese club. Por el contrario, conozco a gente excelente formando parte del núcleo que toma las decisiones, gente que trabaja a diario para que todo salga bien y gente entusiasta que confía en disfrutar de un proyecto humilde, pero donde la meta esté en el partido siguiente, sin ponerse límites ni tirar la casa por la ventana.
El pasado fin de semana iniciaban la Liga en Primera RFEF, donde serán el representante charro en mayor categoría. Si hubiera tenido que apostar mi dinero, me lo habría jugado todo a favor del Racing de Ferrol. Sin embargo, Unionistas volvió a ser el equipo que, a lo largo de este último lustro ha sido. Puede que no hicieran el mejor fútbol, puede que el rival les ganara la posesión, pero cual ejército, cada uno de sus soldados es capaz de guardar la posición y esperar que su rival baje la guardia una vez, una sola vez, para asestarle el golpe definitivo.
Dicen que una vez es suerte, que, incluso, dos veces es suerte, pero que cuando las cosas se repiten una y otra vez ya es mérito del que las hace y, no cabe duda que Unionistas hace mucho que en el terreno de juego sabe a lo que juega. Le pese a quien le pese. Y está claro también que perderán, pero que a sus rivales les costará Dios y ayuda, y que se mantendrán o no lo harán, pero venderán muy cara su derrota.
Eso en el césped, porque luego está el trabajo que permite que se llegue al césped. Una forma de trabajar, muy lejos de mi concepto de club, pero que está demostrando una eficacia suficiente para que ahora mismo el club esté donde está y, si lo miramos desde la distancia y la objetividad, están en un lugar por el que nadie habría dado un duro hace ahora ocho años.
Hace unos días, en un artículo, me acusaban de seguir llevando las gafas del Salamanca UDS puestas. Puede ser en ciertos aspectos, pero yo creo que la persona que lo hacía, aparte de querer hurgar en heridas ya cicatrizadas, no acababa de entender los conceptos. Son esas cosas quizá con las que tenga que lidiar este club internamente, el comportamiento radical de algunos seguidores y directivos que no ven más allá de donde llegan sus ojos. No hay que ver más que la última polémica generada ayer con un directivo que emitía una contestación vergonzosa a un periodista. Es así la vida. El Ayuntamiento construye un campo municipal que pueden usar como propio creo que por más de dos millones de euros, un campo coqueto y suficiente para hacer de cada partido una fiesta, cuentan con el respaldo una masa social importante y de simpatía en cierto sector de aficionados españoles que ven en la forma de actuar del club una vertiente política que creen se podría aplicar en otros ámbitos y clubes, consiguen completar presupuestos aceptables, tienen colocados distintos ‘satélites’ en la prensa nacional que, cuando es necesario le hacen el juego, y, todavía, de vez en cuando, sale algún ‘iluminado’ a meter la pata. Pero estas cosas suelen pasar. Esto es fútbol y unas veces por mucho y otras por poco, pues suceden estas cosas.
Pero con estos datos (constatables, por cierto), sólo pretendo contextualizar. Trasladarle la realidad del club sin cortapisas ni ‘mantras’ previos. Una realidad demostrable y, como dirían en algunas series, basadas en hechos reales. Negarlos sería negar esa realidad.
En realidad, lo que quería trasladar en este artículo es el éxito de un crecimiento que muchos no esperábamos a base de ‘picar piedra’ y de convertir esa piedra en un metal precioso. Y eso también es demostrable le pese a quien le pese y, también, por mucho que les pese a alguno, tiene ciertas reminiscencias a la UDS de hace unas décadas, en las que quien más, quien menos, tenía parte activa en la actualidad diaria del club. En la que, aparte del trabajo, se iba extendiendo la afición de abuelos a nietos, de padres a hijos, de tíos a sobrinos, de padrinos a ahijados, …
Cuando hace unos días hablaba de ‘impuesto revolucionario’ no lo decía en sentido negativo, sino como metáfora de la forma de actuar conformista a la hora de conseguir patrocinios y publicidad, de una capacidad de asumir cantidades de menor cuantía. En mi opinión (y es sólo mi opinión) y en la forma que tengo de concebir un club, éste, llegado cierto nivel, tiene que actuar conforme a ese nivel y tiene que tener un caché que, en ocasiones, le obliga a renunciar a esos pequeños patrocinios. Entiendo que esto irá en consonancia a la filosofía o los estatutos del club, pero pienso que cuando estás en cierta categoría, tienes que actuar como un club que está en esa categoría, no hacerlo como cuando estabas cuatro categorías más abajo. Pero es sólo una opinión que no debe menoscabar el enorme trabajo que ha llevado al club al lugar donde está.
Y es que es un equipo que se remanga los pantalones las veces que sea necesario, mueve la masa que tenga que mover, utiliza esa política ‘colaborativa’ que se ha llevado al extremo pero que, sobre todo, ha obtenido un éxito digno de admirar y, por qué no, de seguir en algunos clubes. Pienso que hace tiempo que ya debió de empezar a actuar de otra manera, pero respeto profundamente que sigan sacando fruto de cada uno de los esfuerzos. Como me enseñó un amigo muy de la Unión “mejor muchos pocos que pocos muchos”. Esa política, ese ir ‘pulgada a pulgada’, ‘centímetro a centímetro’ ha llevado a Unionistas a un lugar privilegiado en el fútbol español, a las puertas de un profesionalismo del que reniegan, pero al que no renunciarán si tienen la posibilidad de alcanzarlo.
Estamos en 2021, el club tiene ya varias temporadas de existencia, ya ha homenajeado a su forma a la Unión. Quizá sea el momento de dejar a un lado otras cosas que sólo devalúan el poder de la entidad para centrarse en mantenerse como club y, si pueden, crecer, con una estructura de club, no de andar por casa (dicho esto con todos los respetos, por favor), dejando que sea el Ayuntamiento el que gobierne y tome las decisiones que les corresponden, dejando también a la gente que piensa de otras formas y centrándose en la forma de gestionar un club como un club sin perder su esencia ni perder la posición que ahora tiene. Pienso que ambas cosas son compatibles y no me refiero a que valoren la entrada de cierto tipo de patrocinadores, cosa que no comparto. Si tienen una filosofía, que la sigan, pero que estructuralmente también crezcan como un club de fútbol, con lo bueno y con lo malo. Que la profesionalización que quieren alcanzar sea en todos los ámbitos. Eso de que sólo cobre el entrenador y los jugadores devalúa totalmente el resto de áreas del club y no es justo.
Hace casi una semana comenzaban la temporada y lo hacían como lo han hecho siempre, aprovechando cada una de las oportunidades y logrando una victoria para muchos sorprendente, aunque no debería ser ya así (causar sorpresa), pues han demostrado que su éxito está, precisamente, en ese ir sumando ‘a poquitos’ para lograr los objetivos. Empezaban una temporada en la que parte del mundo futbolístico, le sitúan debajo de la tabla en las quinielas. El domingo vuelven a su casa. El domingo vuelven a estar con los suyos. Vamos a ver dónde acaban sin hacer cálculos ni pronóstico. A lo mejor la sorpresa se la llevan otros.