La Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca

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Mucha gente debe pensar que esto de escribir es fácil. Lo será, a lo mejor, para los buenos escritores, capacesde atinar en las reflexiones, de revisar perfectamente sus textos, y de minimizar cualquier error. El resto de mortales, aunque podamos parecer muy prolíficos, tenemos que dedicarle muchas horas, aunque sólo sea para intentar dar con un titular atractivo. Es decir, que el titular aluda al contenido y que llame la atención, sin caer en esa asquerosa tendencia del ‘clickbait’ que parece imponerse para la supervivencia de ciertas páginas web que, en ocasiones, por mucho que presuman de ello, son lo menos parecido a un diario o a un medio de comunicación.

Les relato todo esto porque uno lleva meses dándole vueltas a este artículo y han sido horas para encontrar el titular. Al final, he optado por algo sencillo y directo. Un titular que a todos ustedes les evocará algo, les traerá algún recuerdo, bueno o malo, pero recuerdo… espero.

El artículo empezó a esbozarse hace meses. En febrero, durante mi viaje a un congreso de comunicación en Málaga. Fue, precisamente, en la estación de Córdoba en el AVE. Estaba entretenido mirando mi teléfono móvil mientras la gente entraba y salía cuando, de repente, miré al exterior y vi a una pareja mayor. La mujer llevaba una bolsa y en la bolsa ponía “Caja Duero”, con el logo de la entidad.

No se pueden imaginar (o sí) todo lo que vino a la cabeza. El logo aquel que llevaba como una ola y donde la ‘D’ también se presentaba curvada me trasladó a aquellos logos de las Cajas de Ahorros de mi niñez donde todo iba relacionado con una hucha.

Sería bueno que la gente supiera del músculo financiero que, en el final del Siglo XIX y casi hasta las últimas décadas del XX tuvo Salamanca. En realidad, nunca supe el origen, pero supongo que sería por el potencial agrícola y ganadero que, durante esa época, concentraba la mayor parte del capital en España.

Es cierto que fueron varios los bancos potentes que nacieron en la capital charra, pero si hay un referente ese es el de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca. Al menos es el primer nombre que yo le recuerdo (finales de los 70 y década de los 80). Seguro que todavía hay algún banco de granito en algún pueblo o en algún lugar perdido de la ciudad donde en la parte trasera del respaldo aparece la recordada hucha con la leyenda Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca.

Y es que cuando yo era pequeño no había discusión. La Caja de Ahorros era parte de la ciudad, como lo es la Plaza Mayor, como es la Catedral, como lo era el desaparecido El Adelanto, donde trabajé varios años. Infinidad de referentes de la ciudad. ¿Existían otros bancos? Sí, por supuesto, pero la Caja era referente. Tanto que al final hubo sitio para demasiada gente (y no lo digo por los trabajadores) y, ya se sabe, en ocasiones cuando hay mucha gente es difícil llegar a acuerdos, el que manda toma decisiones y muchas veces esas decisiones son erróneas o interesadas. No sé si este es el caso. Ustedes son mayorcitos y capaces de sacar sus propias conclusiones. Yo sólo conozco los hechos. Aquello que se decía cuando éramos pequeños de “entre todos la mataron y ella sola se murió”.

Lo que sé es que comenzaron las quejas y parece que quejarse de algunas cosas es más fácil, quizá por pensarlas propias, sin darnos cuenta que eso lo que provoca es mayor desarraigo. Y así fue sucediendo. Y llegaron las fusiones. Tampoco me pidan que las enumere porque no sé cómo se llegó. Sé que un día, al poco de comenzar la década del 2010, la pequeña identidad que le quedaba a la Caja con Salamanca desapareció. Sé que comenzaron los recortes, las bajas incentivadas, incluso los despidos. Sí. Esos de los que ya les he hablado alguna vez. Los de “que se fastidien”, sin pararnos a pensar en la ruina que supone un despido para una persona, para una familia, para la sociedad en general, sea bueno o mal trabajador. Y no porque no hubiera razón en algún caso particular, pero la inquina con la que se toma el asunto por ciertas personas no creo que sea buena.

No crean que no me gustaría entrar más a fondo en el tema. No crean que no me gustaría rescatar parte de la historia de aquella Caja que un día fue un símbolo de Salamanca, como tantos otros símbolos, hoy ya desaparecidos. Sólo he querido trasladarles el recuerdo que me vino hace unos meses cuando a cientos de kilómetros de nuestra ciudad, más de una década del adiós de nuestra Caja, una señora apareció con una bolsa, como si el pasado volviera, por un instante al presente. Sin más. Sean ustedes los que sigan escribiendo el artículo, pero no olviden lo que durante décadas supuso para la ciudad. Los torneos y eventos que patrocinó, la Obra Social, el deporte, la cultura, …

De repente el Ave salió, la mujer allí quedó, yo volví a ensimismarme dentro de mi teléfono y los días fueron pasando con el artículo en la cabeza. Y también ha llovido desde entonces, pero hay cosas que deberían permanecer siempre, si no presencialmente, sí con la debida importancia por la trascendencia que han tenido. Luego ya, que cada cual opine lo que lo que quiera, que mire de frente o que mire de lado. Al final, es una opción personal.

En la vida siempre hay que poner un poco de humor, así que también recuerden aquella canción…

“Y se marchó… y a su banco le llamó Liberbank…”.

Autor

Periodista y comunicador. Licenciado por la Universidad Pontificia de Salamanca.
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