Se oye en Candelario
el rumor del agua;
a sus regaderas,
pulcras y empinadas,
llega de los montes,
fresca, pura, mágica,
trayendo la esencia
de la sierra blanca
que desde la cumbre
en el valle manda;
cómplices sonríen
las recias montañas.Tras las batipuertas
que cuidan, que guardan,
sus muros, maderas,
sus balcones hablan;
viejas tradiciones
habitan sus casas;encajes, brocados,
chacinas, labranza;
en sus fuentes brillan
hilitos de plata.Llegada la fiesta
que es de Santa Ana,
una antigua boda
su herencia proclama;
brillantes refulgen
los trajes, las capas,
rico el serenero,
los tocados, faldas,
los charros botones
y sus filigranas.El humilladero
preside la plaza,
sencilla la ermita
su tesoro guarda,
Cristo del Refugio,
que acoge y abraza
tierno al caminante
que a sus puertas llama.Así es esta villa,
de piedra, de agua,
de vigas y flores
en sus balconadas;
el más lindo pueblo
de aquella comarca
que atrae, enamora,
embelesa, atrapa.Es en Candelario,
donde tú te hallas.