María, nuestra princesa futbolera, hoy el alma del mundo entero llora tu ausencia. Salamanca, tu tierra, te abraza con el corazón encogido, mientras una tristeza común en la ciudad lo invade todo. Te has ido demasiado pronto, pero has dejado una huella tan profunda que la gente ha aprendido a pronunciar tu nombre con amor.
Tu sonrisa ha sido, es y será siempre la esencia de tus entrañas y además el refugio de muchas familias. Porque, aunque la vida a veces golpea con dureza, te eligió como guerrera, y tú supiste luchar con un coraje que nos ha conmovido a todos. La palabra «princesa» se queda pequeña para describirte: fuiste y serás siempre algo mucho más grande, un ser imposible de expresar en una sola palabra, una luz que traspasó cualquier límite.
Hoy el aire está lleno de sentimientos difíciles de controlar. El cielo, que a veces es caprichoso y cruel, ha querido llevarse a un ángel que ya no le pertenecía, porque eras de todos. Quizá tuvo celos del amor que despertabas entre salmantinos, españoles y también entre quienes, sin conocerte en persona, te sentíamos cerca. Porque lograste algo muy difícil: unir corazones y conquistar al mundo desde la sencillez, la lucha y la verdad, con tu carita de niña.
Desde hoy, una estrella brilla con más fuerza. Y sabemos que eres tú. Porque en nuestro interior nunca se apagará la luz de tu fortaleza. Eras chiquitina en tamaño, pero grande en alma: guerrera incansable, dueña de sueños, ejemplo de lucha y espejo en el que muchos quisimos mirarnos. Tu valentía, tu dulzura y tu sonrisa tenían la capacidad de iluminar incluso los días más grises.
Ojalá nunca hubiese tenido que escribir estas palabras. Desearía que esté capítulo de tu vida no acabará con este final. Pero también es necesario decir: que tu presencia en ella ha sido una lección. Has transformado el dolor en esperanza, el miedo en fuerza y la lucha en un mensaje que quedará impregnado para siempre. Has conquistado al mundo, María, y ese es un logro que nadie podrá arrebatarte jamás.
Tu luz pequeña princesa salmantina no dejará de brillar desde el cielo. Sigue guiándonos, e iluminando cada rincón donde haya alguien que necesite tu ayuda. Porque tu vida seguirá latiendo en cada persona que ha conocido tu historia. Y aunque te hayas marchado antes de tiempo, muchos sentimos que has vencido al sarcoma de Ewing. Porque sigues viva en cada recuerdo, en cada lágrima y en cada sonrisa que provocas al ser recordada.
«Descansa en paz, María Camaaño, princesa futbolera. Siempre presente en nuestro corazón»