Gracias

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Gracias 72kilos

En ocasiones, mis amistades “se enfadan” porque les doy las gracias. Me dicen que no es necesario, pero yo insisto.
Siempre me han dicho que es de bien nacida el ser agradecida y yo es algo que intento llevar a rajatabla.

Es bonito dar las gracias a quien te tiende una mano, te ayuda a que sea más llevadero un comienzo o te abre una “puerta” ficticia en un nuevo reto personal-laboral.

Ese “no sentirte sola”, el sentirte acompañada y apoyada es de agradecer.

Nuestros oídos se estremecen y nuestra alma se sonroja cuando alguien nos da las “gracias”. Creo que nos hace sentir mucho mejor y crecemos un poquito. Ese “gracias” nos hace seguir apostando por la humanidad y por el conjunto de la sociedad.

Hay veces que sientes que algo te incomoda, que te hace saltar de cada lugar donde te acomodas, pareciendo que tienes azogue, invitándote a moverte de un lugar a otro. Y empiezas a dar vueltas a algo que no tiene forma aún en tu cabeza, pero va adquiriendo su lugar, ocupando su espacio. Tu mente va de una idea a otra, de una actividad a otra hasta que, de repente, descubres que todo comenzará a fluir cuando seas capaz de dar las gracias por aquello que, aunque pareciera insignificante, nimio, para ti es de las cosas más importantes y necesarias. Cuando lo hagas, descansarás, te sentirás mucho mejor, una inmensa sonrisa se dibujará en tu rostro y la tranquilidad y la paz lo inundará absolutamente todo.

Tengo la sensación de que hay “gracias” que se me han quedado en el tintero y que se me está formando una bola que, a veces, no me deja respirar con normalidad o que acelera mi corazón sin ningún motivo.

Por eso existen momentos en los que miro al cielo si es de día o, en la noche, me concentro en la luna o elijo una estrella y “doy las gracias”. Ellas saben a quién se lo tienen que hacer llegar.

No cuesta nada. No es perjudicial. Al contrario, son grandes los beneficios para todas las partes implicadas: tú te quitas una carga de encima y reina la paz dentro de ti; a la otra persona le dibujas una sonrisa y se siente valorada. Entre ambas creáis una conexión de buena energía.

Recuerda: nunca es tarde para dar las gracias. Nunca.

Si puedes, mira a los ojos a esa persona a la que quieres agradecer, respira hondo y, con calma, pronuncia las palabras mágicas: “gracias”. Quizás, sin esperarlo, el abrazo llegue y termine de recolocar todo.

Practícalo. No pierdes nada.

Recomendación literaria: Las gratitudes de Delphine Vigan

 

Autor

Doctora en Derecho y Ciencias Sociales por la UNED, Licenciada en Derecho por la USAL, Máster en Derechos Humanos y Máster en Malos Tratos y Violencia de Género por la UNED. Técnica de proyectos en prevención y sensibilización en materia de igualdad, violencia de género y sexual.
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