Los lunes al sol…

- en Firmas

Hay personajes públicos que pueden gustarme o no, pero hace tiempo que intento valorar a cada uno por su trabajo. Veo, observo y opino en consecuencia. En ocasiones me reservo mi opinión. Me sucede algo extraño con mucha gente del cine o del teatro, que utilizan su condición para realizar proclamas políticas o cosas que nada tienen que ver con su actividad. Lo entendería si fuera con fines benéficos, pero al final no corresponden más que a un ideario ideológico o a un interés económico personal. Uno de esos casos es el de Fernando León de Aranoa. Creo que, en ocasiones, a nivel público, parece más importante lo que cuenta que su propia obra. Sin embargo, creo que, como director, es capaz de realizar auténticas radiografías sociales que se ciñen a la perfección a la realidad. Y eso no siempre es fácil.

Y, hablando de radiografías sociales, vivimos una nueva época en lo negativo, pero nueva al fin y al cabo. Basta pasarse por cualquier cola de comedores sociales para observar que la fisonomía de las personas que acuden a estos centros ha cambiado. Algunos podrían pensar que es gente que le echa ‘cara al asunto’ por su aspecto. Hemos pasado de la persona con necesidad que lo transmitía a través de su aspecto (falta de higiene, ropas en mal estado,…) a personas que son exactamente igual que el resto. No es difícil ver a alguno en la cola con sus zapatillas y ropa de marca o hablando por su teléfono de última generación. ¿Quiere decir eso que no tienen necesidad? Para nada. Quiere decir que estamos ante un nuevo necesitado. Gente normal a la que no le alcanza para llegar a fin de mes. Gente que necesita una ayuda para poder llevar una vida mínimamente digna. Gente que tiene que apoyarse en esos comedores sociales o en esas asociaciones para poder pagar, con los pocos ingresos que tenga, la hipoteca, la renta, la luz o el agua, o, mejor dicho, las escandalosas facturas que llegan de hipoteca, renta, luz, agua, gas, comunidad porque… ¿se han parado a pensar la elevada cantidad de estas facturas mientras nos hacemos ‘los orejas’, mientras los responsables no dan un golpe en la mesa y ponen una solución? Cómo es posible pagar hipotecas de 1.000 euros, comunidades de 200 y pico, gas de más de 300 euros, luz a 200 y pico, etc. Cómo es posible pagarlas si las juntamos todas. Sin duda, el umbral de la pobreza es cada vez más importante y cada vez lo traspasan más familias.

Pero volvemos al ‘leit motiv’ de este artículo. A pesar de que mi interés en Aranoa es sólo como director de cine, hace unos días leí una entrevista que le realizaban en un diario nacional en la que afirmaba que “estar en paro es tan jodido que te daña hasta la identidad” y me hizo no sólo reflexionar, sino adherirme a esa opinión.

Precisamente en esta época afloran las asociaciones para todo tipo de colectivos. Precisamente ahora se habla mucho de la depresión, de la ansiedad y del suicidio. ¿Cuántas asociaciones específicas para parados conocen? No digo que no existan, no digo que las ya existentes no ayuden, pero ¿asociaciones específicas? Nadie se ha parado a pensar por qué muchos parados llevan su situación en silencio. Nadie piensa cómo lo sufren en sus casas, la pérdida de autoestima, el sentirte que no vales para nada y, como dice Aranoa, “te daña hasta la identidad”. No te la daña, termina con ella en muchos casos. Nadie se para a explicar por qué se segmenta tanto el paro en cuanto a edad, por qué los gobiernos insisten tanto en determinados grupos (jóvenes,…). ¿Acaso los parados no son todos similares? ¿No será más importante ayudar al parado de 46 años con cargas familiares que al joven que todavía reside en casa de sus padres? ¿Es más importante la emancipación de este que la ruina humana que supone para un padre de familia no poder hacer frente a las cargas familiares? ¿No tendrá algo que ver con el yacimiento de votos que puede suponer un grupo de edad y otro?

Siempre he pensado que la droga es la gran lacra de nuestra sociedad, pero no es menos cierto que el paro es una verdadera ‘ruina personal’ para muchas personas. De hecho, estoy convencido que en muchos casos van de la mano. El desempleo es algo que toca de lleno Aranoa en Los lunes al sol y uno no puede por menos que mirar al drama que supone para muchas personas y familias. Ese daño a la identidad podría asociarse también a las enfermedades mentales, por desgracia, tan en aumento en los últimos años. Y es que el paro es una situación que afecta directamente a la autoestima de las personas y muchas de ellas caen a un pozo del que no son capaces de salir a la superficie.

Si en medicina se habla de grupos de riesgo por padecer una determinada enfermedad, en desempleo se asimilaría a grupos de determinadas edades o pertenecientes a distintas profesiones que, por el propio avance de la sociedad quedan aisladas tal y como cuestionábamos antes. En la citada película, el director afronta el drama desde la reconversión industrial. En la actualidad podría traducirse a la crisis del ladrillo hace algo más de una década o la última crisis previa a la provocada por la Covid, o a las que se apuntan por falta de suministros, de subida de materias primeras, “etecé, etecé, etecé”.

Sin embargo, me doy cuenta de que todos los políticos hablan del paro. En todos los telediarios se abre cíclicamente con el paro como noticia de portada. ¿A qué se debe si luego no se da ninguna solución? Con más de cuatro décadas a mis espaldas observo que el paro siempre ha sido un gran problema al que jamás se le ha dado solución. Observo que las políticas de empleo apenas sirven en casos contados y, cómo en la mayoría sólo sirven para engordar las arcas de otros negocios (los que supuestamente te preparan para salir del desempleo) y para casos concretos.

¿Tan difícil es destinar ese dinero a una especie de formación directa? Es decir a pagar las prácticas en un trabajo para que los empresarios puedan permitirse apostar por este tipo de gente. Darle el tiempo suficiente para que aprendan el oficio trabajando y, de paso, darle el tiempo suficiente para recuperar su autoestima, que será el motor verdadero para ser trabajadores válidos. Por ejemplo. En vez de que el estado gaste una importante cantidad de dinero para dar un curso de hostelería, no es posible que esa persona se ponga en un establecimiento tomando el tiempo que necesite para aprender el oficio y cobrando el dinero del curso descargando, de esta forma, al empresario. Es decir, si tú vas a trabajar aquí, ven a aprender lo que tienes que hacer y, estoy convencido que en un mes, dos a lo sumo (cada uno necesita su tiempo de aprendizaje) será un excelente profesional. Y lo mismo con un soldador, con un albañil, con un fontanero, don un formador de formadores. El empresario, si invierte su dinero, necesita rendimiento inmediato y eso es algo difícil con alguien que apenas ha estado unos meses aprendiendo teoría (no digo nada ya las formaciones on-line para lo que se supone son trabajos principalmente prácticos). De esa forma, el empresario se permitiría liberarle, esperarle esas semanas en las que esa persona recupera su autoestima, su dignidad y aprende el oficio. ¿Seguro que no es una solución? ¿Seguro que el estado, incluso, no se ahorraría unas perricas muy ricas para otros asuntos? ¿Seguro que no hay otras alternativas para fomentar el empleo y acabar con este verdadero drama? ¿Seguro que no se mejoraría la salud mental de muchas personas que no saben cómo salir de una situación de las que, en su mayoría, no son responsables? Además, ello no debe menoscabar la labor de los centros de formación, que podrían ejercer la labor de tutores directos de los desempleados.

¿De verdad que sólo eres válido cuando tienes un título, certificado o diploma?

Son días de reflexión, de buenas intenciones y de nuevos planes. Quizá sean días para dar una vuelta al tema del empleo y, sobre todo del desempleo. Quizá sea la forma de luchar verdaderamente por terminar con Los lunes al sol, y con los martes, y con los miércoles. Quizá sea la forma de terminar con muchas ansiedades y depresiones, la forma de tener muchas mentes que lo necesitan ocupadas. Busquen, comparen y, probablemente, encuentren algo mejor porque, lo que ya tenemos, no acaba de ser la solución.

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