Los trapos sucios se lavan en casa

- en Firmas

Siempre, incluso en este siglo XXI que nos arrasa, hemos escuchado la expresión “los trapos sucios se lavan en casa”. Esto nos quiere decir que las cosas de cada familia las tiene que solucionar la misma familia, que nadie se puede meter, que no nos incumbe, que hacerlo nos llevaría a ser chismosas, entrometidas y bla, bla, bla. No te posiciones abiertamente, no digas nada porque no es de tu incumbencia.

Si nos ceñimos estrictamente a esto, nadie debe entrometerse a valorar si Fulanita o Menganito ha hecho eso bien o mal, o no se podría comentar los “trapos sucios” de una pareja que ha roto, o no podríamos intervenir en una escena violenta entre dos personas, aunque se encuentren en la calle. No sabemos si son familia, si tienen problemas conyugales o familiares y, ¿para qué meterme si son sus trapos sucios? Allá se las apañen.

En el caso concreto de una relación de pareja que se rompe por diferentes motivos, pongamos una infidelidad pública y manifiesta, nos falta el tiempo para comentar, criticar, juzgar, opinar y ser abogadas o abogados defensores de una u otra parte.

¡Ea! Aquí lo de los trapos sucios, como que se olvida. Lazo azul o lazo rosa como sucedía en la serie Las chicas Gilmore (capítulo 101) para decir abiertamente de qué lado estás, a quién apoyas.

Pero cuidado. Tú, como parte afectada, puedes despotricar, contar tu versión de los hechos, maldecir, etc. con tu círculo más cercano. Pero ojo, eso de exponerlo más abiertamente tiene sus pegas. Y, más cuidado aún, si eres mujer y quieres sacar fuera, gestionar de la mejor manera posible, los sentimientos y emociones que tienes por dentro.

Él puede irse, reírse, contar anécdotas, contar las pericias de la supuesta infidelidad pública, puede iniciar una nueva vida y ser “callado” por el bienestar de la descendencia que puede existir. Mostrar abiertamente su bienestar y nueva felicidad.

Pero si eres mujer, tienes que permanecer callada, no decir abiertamente que estás pasando por las fases del duelo, no puedes dar tu versión de los acontecimientos de forma pública, defenderte ni exponer cómo te sientes porque, si lo haces, no velas por el bienestar de tus hijos/as, eres una amargada que no sabe salir adelante, hacer borrón y cuenta nueva.

De nuevo, volvemos a ver cómo las mujeres somos cortadas por otro patrón. Como ante un mismo hecho, la sociedad y la cultura nos dicen que tenemos que actuar de otra manera por decoro y ser más calladas por el bien de otros, sacrificarnos y gestionar de forma silenciosa lo que nos come por dentro. A pesar de que sea de dominio público y notorio lo que ha sucedido, lo más mediático; de que la otra parte se pasee y alardee de la “nueva vida”. Nosotras, calladas estamos más guapas y somos señoras.

Parece que la sociedad te dice: Tía, acepta lo que ha pasado y borrón y cuenta nueva. Sigue adelante, pero calladita, sin hacer ruido.

¡Ja con la sociedad y sus trapos sucios!

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