¿Me quiere o no me quiere?

- en Firmas

Seguramente muchos de vosotros, al leer esta pregunta, habéis retrocedido a vuestra niñez, a aquellos momentos en los que una margarita parecía decidir parte de nuestro destino, sin saber que aquel inocente juego infantil era, en realidad, la tirita que cubría heridas que permanecían abiertas. Deshojábamos impacientes aquel capullo preguntando con inocencia: ¿Me quiere o no me quiere?

Buscábamos una respuesta que nos llenara de esperanza cuando el último pétalo decía «me quiere». No era solo un juego de niños; era una mezcla de sentimientos que quizá no éramos capaces de expresar a esa edad, pero que engrandecía nuestra ilusión y el amor que sentíamos por otra persona, incluso cuando nosotros no ocupábamos un lugar en su vida. Porque, en el fondo, cuando alguien necesita hacerle esa pregunta a una flor tan bonita como una margarita, tal vez ya conoce la respuesta: la otra persona no le quiere.

Y ahora, en la edad adulta, donde ya no confiamos en la respuesta de un pimpollo, ¿cómo saber si alguien nos quiere o no? ¿Se habrá quedado impregnada en nuestra alma aquella inocente lección de la infancia? Yo creo que no. Es muy difícil dejar de sentir por alguien que ha formado parte de nuestra vida, porque hay algo que ni siquiera los adultos podemos controlar: el corazón. Él dirige nuestras emociones sin escuchar muchas veces a la razón. Aunque, por suerte, también contamos con la sabiduría que nos da la experiencia, y en ocasiones ella nos salva de caer por precipicios emocionales.

Sin embargo, sí podemos aprender a reconocer cuándo alguien nos quiere de verdad y cuándo no. Siempre se ha dicho que los hechos anulan las palabras, y es cierto. Pero quizá también podamos encontrar la respuesta en la mirada de la otra persona. Allí donde no existen disfraces ni excusas. Y así evitaremos sufrir innecesariamente.

No voy a escribir aquí frases hechas de esas que abundan en internet. Solo quiero deciros que, al primer indicio de que una persona no os quiere, la dejéis ir. No como un acto de derrota, sino como un gesto de protección hacia vuestro propio corazón. Porque, por mucho que insistáis, quien no os quiere terminará haciéndoos daño, incluso aunque no tenga intención de hacerlo.

«Seguid deshojando la margarita de vuestros sueños, hoja por hoja. No perdáis nunca la fuerza y la esperanza que teníais de pequeños. Y que la respuesta de esa corola se convierta en el aliento que os ayude a cuidar siempre de vuestro amor propio»