La filigrana charra

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filigrana y bordado charro

No es Salamanca una tierra de la que uno pueda irse de rositas sin antes haber comprobado algunas cosas. Por ejemplo, las labores que aquí se hacen con aguja e hilo, ya sean bordados, encajes, pasamanería o cualquier otra industria de este tenor. Otro tanto pasa con la piel y el cuero, ya sea para calzar, ensillar el rocín o mostrar el adorno. La guarnicionería salmantina tiene justa y bien ganada fama. Así que acorte el paso y demórese por alguna de los muchos talleres que le dan a la cosa, que algo puede resultar de interés, si apañado de precio por barato, y si subido por regalarse con alguna muestra de la que estar orgulloso.

Para buena parte de estas cosas de las que hablamos se cuenta con una ventaja indudable, que no es otra que, en los días de fiesta grande, ni siquiera es preciso montar escaparate, basta con asombrarse ante un traje de vistas – ya nos detendremos en ello -, que es una enciclopedia viviente de las muy diversas finuras que por aquí se alcanzan a ver.

Vestido de tradición, el salmantino, desde el sombrero o la toca hasta el chapín, es una gollería. Y si para algunos pueden parecer excesivo el derroche, que también se usa lo charro para definir lo abigarrado, bien puede sacarse a relucir aquello de que en cuestión de gustos todo está por escribir.

Pero no todo  qeda en seda e hilo, encaje o telar. Que también está aquí el barro y la arcilla se moldean con buena mano de alfarero. Maestros canteros, siempre hubo para dejar primorosa la piedra sillar, y en artes constructoras rejeros y cerrajeros siguen moviéndose en las viejas fraguas.

Sin discordias, el sólido mueble castellano de nogal o el más airoso bargueño dan paso a la levedad del mimbre y la paja. Y las tallas salidas de manos de los maestros entalladores diestros con la lezna y el formón.

En suma, que la artesanía salmantina toca muchos palillos como corresponde a tierras con tanto poso. Hay oficios que ya se fueron; otros pasan agonías sin alcanzar a ver claro el camino derecho de la supervivencia. Pero ahí están y difícil será que no haya una mano que los saque del atasco