BÉJAR – Puerta de la Villa

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Béjar acabó conformándose como un núcleo estable de población desde el momento en el que el rey Alfonso VIII, a finales del siglo XII, alentó en ella su repoblación.

El  valor estratégico de este enclave residia, entre otras cosas, en su ubicación: un estrecho espolón rocoso y alargado que rodea por el norte la cuchillada profunda que deja el río Cuerpo de Hombre a su paso. En torno a ese promontorio irá cerrándose el cinturón defensivo principalmente en dos etapas. La primera, a comienzos del siglo XIII, asegurando su esquinazo occidental y después ampliándose por el este hasta dejar la actual plaza Mayor y el palacio Ducal más o menos en su centro.

De las varias puertas con las que contó el recinto, la de la Villa o de Ávila, ubicada un poco más adelante, acabó por convertirse en una de las entradas más notables, al confluir en ellas varias vías de comunicación. Derribada en 1876, una hermosa fotografía de Juan Cambó recuerda su papel como parapeto desde el que la se alzó en armas durante “La Gloriosa, la revolución de septiembre de 1868  que terminó con el reinado de Isabel II.