Basilio Martín Patino: La creatividad en la lucha por la libertad

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Basilio Martín Patino

El compromiso y la controversia  serían las señas de identidad de este salmantino, personaje incómodo durante el régimen e incluso después en democracia,  ya que huía de la complacencia de la industria y de los límites del poder, mostrando las contradicciones del sistema con las imágenes de la realidad tal y como aparecían ante su cámara.

Nacido en Lumbrales en  1930, en el seno de una familia católica y conservadora,  Basilio Martín Patino, inquieto y apasionado desde su juventud pronto es  un personaje polémico. Se licencia en Filosofía y Letras, funda un cineclub y la revista Cinema Universitario, de donde parte la idea de las Conversaciones de Salamanca sobre el cine español que reúne a los grupos más diversos de la industria cinematográfica, en 1955.

Después de estudiar en la Escuela de Cine dirige su primera película Nueve cartas a Berta (1966) que aunque recibe la Concha de Plata del Festival de Cine de San Sebastián es pasto de la censura, pero que se convierte en un referente clave del Nuevo Cine Español, en el que busca comprender la rebeldía y el desasosiego de la juventud española.

Dirige Del amor y otras soledades y concurre con ella a la sección oficial de la Mostra de Venecia, donde se recibe con ovaciones, pero en España origina un encendido debate sobre el divorcio y la censura realiza más de cuarenta cortes.

A consecuencia de todos estos problemas de censura oficial y empresarial el realizador decide salir de los circuitos oficiales de producción y organizar sus proyectos desde posiciones de independencia.

Canciones para después de una guerra que aunque se presenta en 1971 no se estrena hasta septiembre de 1976 es un gran éxito de público y se convierte en una de las películas más esperadas de la transición política.

Unos años antes Basilio M. Patino afronta desde la clandestinidad la realización de Queridísimos verdugos, sobrecogedora obra sobre el oficio de aquellos que aplicaban la pena de muerte durante el régimen. La película no se estrena hasta abril de 1977.

El Caudillo es otra nueva muestra de su capacidad en el montaje de materiales cinematográficos sobre la figura de Franco, materiales inéditos conseguidos desde la clandestinidad de archivos extranjeros. Esta película se estrena en octubre de 1977 tras terribles impedimentos y en medio de disturbios propiciados por sectores franquistas.

En la década de los 80 empieza a explorar las posibilidades expresivas y creativas del vídeo lo que plasma en una serie de propuestas pioneras en aquel momento afrontando el desafío de estas nuevas formas de creación.

El realizador salmantino continúa con su prolífica carrera que se concreta con una nueva obra: Madrid, un impresionante largometraje. En él, el realizador vuelve a utilizar materiales de archivo como recurso. Desde ese momento, se suceden los premios, como el del Festival de Cannes a La Seducción del Caos.

A partir de aquí Basilio Martín Patino continúa con su ritmo de producción frenética de documentales, largometrajes, así como otras piezas de narración video-métricas e incluso, instalaciones como el retablo electrónico que apareció en las Edades del  hombre en la catedral vieja de Salamanca en 1993.

Se suceden los ciclos retrospectivos de la obra del cineasta, los libros y las muestras que analizan su obra, así como sus participaciones en jurados de festivales Internacionales de cine como el de Berlín, Venecia, Karlovy Vary y Valladolid

En 2002, aunque reacio a regresar al relato cinematográfico Martín Patino vuelve con Octavia, último largometraje del realizador que concurre al Festival de Cine de San Sebastián, con buenas críticas y que participa en festivales de todo el mundo.

En 2007 es nombrado doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca, de la que nunca había recogido el título al terminar sus estudios en un acto de rebeldía y en su  discurso declara:

Querer es tratar de comprender sinceramente, y comprender implica también la libertad de poder disentir. Cada uno debe poder seguir su propio camino

Libre, te quiero (2011) es un excelente ejemplo del mundo creativo y la personalidad vital de Martín Patino, que con 81 años y  unas fuerzas mermadas, pero la pasión de siempre, coge la cámara y sale a grabar 25 horas de lo que al final sería su última película dedicada al movimiento 15 M y a la acampada que se celebraba en la Puerta del Sol de Madrid. Nada se escapó a la mirada de este artista rompedor, rebelde y experimental que muere a los 86 años dejándonos algunos títulos imprescindibles de la historia de la cinematografía española.