Hoy entrevistamos a la ilustradora Sonia Alins.
¿Qué vínculo tienes con Salamanca?
La verdad es que tengo un vínculo enorme con Salamanca porque mis abuelos maternos son de allí y he pasado veranos maravillosos. Además hice la carrera de Bellas Artes allí, estuve cinco años en la Universidad de Salamanca. Me encanta la ciudad, la gente, todo, me parece una ciudad maravillosa.
¿Siempre tuviste claro que querías dedicarte al arte?
Sí, desde que era pequeña. Cuando tenía tres años llamaron a mi madre diciendo que había hecho un dibujo y que era muy raro, que eso no lo podía haber hecho una niña. Siempre que me preguntaban yo lo tenía claro: quería ser dibujante o pintora, no había otra posibilidad para mí.
Eres principalmente ilustradora, ¿verdad?
Sí. Mi marido y yo nos dedicamos a la ilustración desde 1998, salimos de la carrera y directamente conseguimos trabajo en editoriales en Madrid. Después, mi vertiente más artística ha sido hace siete años. He desarrollado una carrera más personal y la verdad es que ha funcionado muy bien.
¿Qué temáticas sueles tratar en tus obras?
Absolutamente todas. En realidad hablo de mi vida, de cosas que me preocupan, de emociones y sentimientos. Sensaciones normalmente buenas: hablo de la maternidad, del enamoramiento… de todo lo que me hace sentir, necesito transmitirlo. También hay angustia y dolor pero mayoritariamente, y gracias a Dios, son sentimientos positivos.
¿Cómo definirías tu estilo?
Yo creo que sería neorromántica, la vuelta a los clásicos del romanticismo e idealismo.
¿Qué es lo que más te inspira a la hora de crear?
Cada día vamos al estudio y pasamos horas trabajando. Me puede inspirar desde un libro hasta una película, es simplemente ir trabajando y trabajando, como decía Picasso, «que la inspiración te llegue trabajando», ir trabajando y que una cosa te lleve a otra. A veces hay encargos y te surgen diferentes ideas.
¿Consideras que tienes influencia de otros artistas?
Realmente me encanta el neoclasicismo, los pintores románticos. También los surrealistas, hay una parte de mi obra que quizás es menos conocida, que tiene que ver sobre todo con lo surrealista.
¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?
El poder crear cada día y la libertad de construir tu día. Inventarte cosas que después funcionan o con las que te premian. Es como jugar. Me levanto y creo algo que tengo ilusión de hacer. Que eso funcione y la gente te lo valore es maravilloso para mí. Es un honor y una felicidad poder dedicarme a esto.
¿Y lo que menos?
Que siempre estás trabajando. Es como una sensación de nunca tener vacaciones. Si tienes una idea o una exposición, puedes no tener ni un fin de semana. Tengo dos hijas y he tenido que hacer encaje de bolillos para dedicarme a ellas y al trabajo. Pero bueno, entre que mi marido y yo nos dedicamos a lo mismo, vamos consiguiendo organizarnos. Es bastante complicado, parece que los artistas somos los que menos trabajamos y es mentira, estamos todo el día creando.
¿Alguna exposición actual o próxima que debamos visitar?
Estoy preparando cosas, pero prefiero no decir nada para no chafarlo. Hay proyectos nuevos en Estados Unidos o en Lleida. Prefiero no decir nada por si acaso, porque con el tema de la pandemia nunca se sabe.
¿Qué consejo le darías a alguien que se está iniciando en este mundo?
Que sea perseverante, que trabaje mucho, que crea en lo que hace y que intente sobrevivir, sobre todo al principio. Es complicado, pero hay opciones como las becas. Yo porque ahora tengo familia, pero hay muchas becas al extranjero para artistas y es una posibilidad si eres joven y tienes talento, fuerza y ganas, pero hay que moverse, estar activo. Es complicado pero yo veo a gente joven, jovencísima, que está haciendo un carrerón y yo pienso, «guau, que alegría».