A.I. Artificial Intelligence. EE UU, 2001 (145 m.). Director: Steven Spielberg. Intérpretes: Haley Joel Osment, Jude Law, Frances O’Connor, Brendan Gleeson, William Hurt, Jake Thomas, Sam Robards.
El maestro Kubrick (a quien se dedica la película) maduró durante muchos años el proyecto de Inteligencia artificial. Sombrío y opresivo, en el relato late el tema de fondo de todas sus obras: la inevitable soledad del individuo, en este caso la de un niño robot capaz de sentir amor y do-lor. En 2001 sería Spielberg, que volvía a firmar un guión después de Encuentros en la tercera fase, quien lo llevase a la pantalla, para lograr una de sus obras mayores: durante la primera hora de metraje reconstruye con asombrosa pericia el estilo visual de Kubrick. Seguidamente entrega un cuento que se asoma al abismo de la tragedia, un cuento futurista cruel y sórdido que fun-ciona como metáfora de una sociedad sin rumbo, tan huérfana como el niño robot protagonista. Esta atractiva cinta –basada en un cuento de Brian Aldiss, adaptado al cómic– habla sobre la búsqueda del cariño y la capacidad extrema de hacer realidad nuestros deseos más inalcanza-bles. Muy interesante, pero disparatadamente irregular. “Si hubieran eliminado la media hora final sería una obra maestra” (Carlos Boyero).
En un mundo futuro donde los avances científicos hacen posible la existencia, los humanos comparten todos los aspectos de sus vidas con sofisticados robots denominados Mecas. La emoción es la última y controvertida frontera en la evolución de las máquinas. Pero cuando un avanzado niño robótico llamado David es programado para amar, los humanos no están prepa-rados para las consecuencias. David se encuentra solo en un extraño y peligroso mundo.