The Dark Mirror. EE UU, 1946 (85 m.). Director: Robert Siodmak. Intérpretes: Olivia de Havilland, Lew Ayres, Thomas Mitchell, Richard Long, Charles Evans, Gary Owens
Después del éxito cosechado por Robert Siodmak con La escalera de caracol, el público espe-raba con interés su siguiente realización. No defraudó con este intenso thriller. En esta ocasión, con el intrigante guión de Nunnally Johnson, monta un intenso melodrama policiaco en el que una mujer intenta ejecutar el crimen perfecto. Ella es Olivia de Havilland, maravillosa en su di-fícil papel en el que encarna a dos gemelas y despliega sus notables recursos dramáticos para crear dos personajes idénticos físicamente, pero anímica y mentalmente opuestos. Excelente muestra de cine negro perteneciente a la llamada “corriente psicoanalítica” de los años 40 –que aportó al género títulos tan interesantes como Cartas a mi amada (William Dieterle, 1944), Re-cuerda (Alfred Hitchcock, 1945) o El extraño amor de Martha Ivers (Lewis Milestone, 1946), entre otros– en el que la típica intriga policíaca se complica aún más al ofrecer al espectador dos presuntas homicidas en lugar de una. Siodmak nos regala 90 minutos del mejor suspense, enri-queciendo la intrincada historia con moderadas dosis de romanticismo y asequibles gotas de psicoanálisis. El suspense está servido.
Un médico aparece asesinado. La principal sospechosa es una mujer que fue vista abandonando el escenario del crimen, pero cuando la policía –el teniente Stevenson– empieza a investigar hará un sorprendente descubrimiento: la sospechosa “son” las gemelas Collins (Ruth o Terry). Sin embargo, no puede acusar a las dos, y ambas se niegan a declarar, por lo que se ve obligado a acudir a un psicoanalista que le ayude a distinguir quién es quién en esta historia.