PELÍCULA: Al final de la escapada

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A bout de soufflé. Francia, 1960 (89 m.). Director: Jean-Luc Godard. Intérpretes: Jean-Paul Belmondo, Jean Seberg, Daniel Boulanger, Jean-Luc Godard.

Película de culto, muy apreciada en su momento por la crítica más avanzada, que con el paso del tiempo confirma la solidez de los planteamientos de Godard. À bout de souffle fue el primer largometraje del director francés Jean-Luc Godard, que con su estilo innovador y desafiante de montaje y fotografía inauguró el movimiento de la Nouvelle vague (Nueva Ola), que revolucio-naría el cine francés y marca , la llegada de un cine de espíritu libre que rompe con los esquemas burgueses, que deprecia la qualité, que saca las cámaras a la calle y se deja invadir por la reali-dad. Un cine rodado por directores cinéfilos. Godard desafia las normas, inventa una memora-ble historia de amor y se vuelca en un relato que exalta el espíritu libertario, retrata lo efímero de la felicidad, encumbra a Be1mondo y consigue que el mundo se enamore perdidamente de Jean Seberg. El guión es del propio Godard, con la colaboración de Truffaut; también colaboró Claude Chabrol. La historia es simple pero la peculiaridad del film se basa en sus planos, en su alocado montaje, en sus escenas empalmadas inoportunamente unas con otras… que marcó una tendencia en el cine y una forma diferente de expresión, referencia para otros cineastas (Taran-tino que ha situado la película en su lista de predilectas). Godard hizo del descuido virtud, con sus mezclas de planos abstrusos, sus empalmes alocados, sus cortes inoportunos, y eso creó una moda, por suerte refinada después. Algo tendrá el clásico cuando su impronta se deja sentir en la historia del séptimo arte. El personaje de Belmondo es genial, un charlatán enamoradizo (o enamorado, nunca lo sabremos a ciencia cierta), un vividor de buen corazón que nunca ha leído un libro pero que podría haber protagonizado muchos. Ella es Jean Seberg, fascinante, mujer mágica y misteriosa que no se atreve a querer durante la mayor parte de la película, duda, y su duda le lleva a su desilusionante actuación final. Sin este pequeño inmenso filme no se entende-ría nada del cine posterior. Sin exagerar.
Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo) es un ex-figurante de cine admirador de Bogart que, tras robar un coche en Marsella, mata fortuitamente, y con un revólver que encuentra en la guan-tera, a un motorista de la policía camino de París. Allí, tras robar dinero a una amiga, va en bus-ca de Patricia (Jean Seberg), una joven burguesa americana, sin ningún remordimiento por lo que ha ocurrido en la carretera. Patricia es una aspirante a escritora que vende el New York He-rald Tribune por los Campos Elíseos. Espera escribir en el periódico y matricularse en la Sorbo-na. En Europa parece haber hallado una libertad que no existe en América. Michel le propone que se vaya con él a Roma a lo que ella se niega. Después de la negativa, Michel va cobrar un cheque a su código postal. Entonces sabemos que la policía le busca por la muerte del motorista.