PELÍCULA: Al límite de la verdad

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Changing lanes. EE UU, 2002 (92 minutos). Director: Roger Michell. Intérpretes: Ben Affleck, Samuel L. Jackson, Kim Staunton.

Un pequeño choque durante un atasco en Nueva York convertirá a dos hombres en enemigos en el filme que supuso el debut americano del director británico Roger Michell (Notting Hill). Cada uno utilizará un método distinto para destrozar al otro, pero compartirán un mismo objeti-vo: hacer todo lo posible para arruinar la vida del contrario. Los encargados de dar vida a estos autodestructivos personajes son Ben Affleck y Samuel L. Jackson que mantienen un interesante duelo interpretativo. La película se encuadra en ese género que podría ser clasificado como thri-ller urbano, que recoge todas aquellas historias en las que la gran urbe se convierte en una au-téntica jungla que acongoja y despedaza a unos personajes superados por sus propios defectos y saca a relucir viejos vicios y miserias (alcoholismo, adulterio…). Al Límite de la Verdad» es uno más de esos productos típicamente americanos de consumo rápido y olvidable: dos actores de tirón; la presencia de dos modos de vida antagónicos: la opulencia del abogado y la humildad del sencillo corredor de seguros, temática recurrente y de la que el cine hollywoodiense siempre saca partido, acentuando la soberbia del rico y la miseria del menos poderoso.
Gavin Banek (Ben Affleck) es un abogado de altos vuelos que intenta abrirse camino entre los coches para no llegar tarde a un juicio. En el carril de al lado se encuentra Doyle Gipson (Sa-muel L. Jackson), padre de dos niños, que también se dirige al tribunal donde un juez con una larga lista de casos y poco tiempo que perder va a decidir si Doyle tiene derecho a ver a sus hi-jos. Aparentemente Banek y Gipson son hombres muy distintos: uno lucha por llegar a la cima en su trabajo y el otro lucha desesperadamente por salir del agujero en el que se encuentra. Pero un accidente sin importancia llevará a estos dos extraños al borde de la autodestrucción y de-mostrará que la ira nos convierte a todos en iguales.