White heat. EE UU, 1949 (109 minutos). Director: Raoul Walsh. Intérpretes: James Cagney, Virginia Mayo, Edmond O’Brien, Margaret Wycherly.
El género negro ha dado muchas obras cumbres. En su vertiente gansteril, pocas pueden medir-se con Al rojo vivo. El maestro Walsh –en uno de sus filmes más violentos– retoma el espíritu de los filmes de los años treinta y lo convulsiona hasta la exasperación. Aún más meritorio: lo logra sometiendo a la historia, encerrándola en un trabajo formal sobrio, seco, austero, un alarde de contención expresiva; pero la violencia y la locura bullen por debajo de las imágenes, en la mirada febril del gánster Cody Garret (un monumental James Cagney), en su brutalidad animal, en su legendario grito. “¡Mamá, estoy en la cumbre del mundo!”. “Cagney vuelve a demostrar sus innatas dotes de gran actor en esta vibrante entrega de intriga que supuso uno de los filmes más violentos del mítico Walsh (…) Llena de fuerza y energía, una de las cumbres del género” (Fernando Morales). Walsh crea imágenes que se han convertido en iconos, como la de Cody refugiado en el regazo de su madre, o el movimiento de cámara que sigue los rostros de una fila de presos en el comedor de la cárcel. Y retrata a su demencial personaje convirtiéndolo en sím-bolo de una sociedad ruin y mezquina.
Cody Jarrett (James Cagney), despiadado y calculador, es el jefe de una banda criminal. Casado con la manipuladora Verna (Virginia Mayo), tiene un fuerte complejo edípico, su “Ma” es para él todo lo que necesita. Cody sufre en secreto unas horribles jaquecas que sólo su madre (Mar-garet Wycherly) sabe calmar. Cody Jarrett y su banda asaltan un tren que transporta 300.000 dólares, asesinan a los conductores y huyen con el dinero, pero uno de sus cómplices cae herido. Le matan y abandonan, dejando pistas en el cadáver. Poco después, los agentes federales ini-cian la persecución, convencidos de que él es el autor del asalto. Viéndose acorralado, Jarrett se autoinculpa de otro robo menor cometido el mismo día, a la misma hora, en otro lugar y así lo-gra escapar de la cámara de gas, siendo condenado a dos años de prisión. Sin embargo, los agentes del tesoro están convencidos de que fue el cerebro del asalto. Cambian de estrategia y le tienden una trampa para averiguar el método que utiliza Cody para blanquear el dinero de sus golpes: infiltran en la cárcel al agente “Vic Pardo” (Edmond O’Brien) que se convierte en su compañero de celda y trata de formar parte en sus planes. Mientras tanto el ‘Gran’ Ed Somers (Steve Cochran) toma el control de la banda y se lía con la mujer de Cody ante la mirada rabio-sa de la madre. Ed, junto con Verna, planea que Jarrett sufra un “accidente” dentro de la cárcel.