EE UU-Reino Unido, 2004 (168 minutos). Director: Oliver Stone. Intérpretes: Colín Farrell, Anthony Hopkins, Angelina Jolie.
El filme sigue el progreso de Alejandro hasta convertirse en leyenda viva, desde una juventud alimentada por sueños de gloria, mitos y aventuras, pasando por los fuertes lazos con sus com-pañeros más cercanos, hasta su misteriosa y solitaria muerte como soberano de un inmenso im-perio. Alejandro Magno es la asombrosa historia de una vida que unificó el mundo conocido y demostró que la fortuna favorece a los atrevidos.
Con este filme, Oliver Stone cumplió uno de sus sueños de infancia: rodar la vida y milagros del gran Alejandro Magno. El resultado, a pesar de la gran espectacularidad de las batallas, no fue el esperado, entre otras cosas porque Colin Farrell no termina de dar el tipo del mítico rey ma-cedonio. No obstante, el entretenimiento está servido. Supera en ambición y profundidad a las epopeyas de actualidad en Hollywood como Troya y El Rey Arturo. Hipnótico, desequilibrado pero a la postre estimulante filme biográfico. Una película un tanto discursiva, con largos parla-mentos sobre el poder y su administración, pero también extremada, férreamente coherente con lo que se pretende. La película es sólida y está construida para que funcione incluso alejada de la perfección. Para otros, aunque con las secuencias bélicas filmadas de manera notable y con un memorable trabajo de fotografía de Rodrigo Prieto, el resultado es un mamotreto de casi tres horas de duración sobre el que pesa el afán discursivo del megalómano director.
A la edad de 25 años había conquistado el 90% del mundo conocido… cambiando el rumbo de la humanidad para siempre. Alejandro Magno (356 A.C. – 323 A.C.), rey de Macedonia, lideró sus legiones griegas hacia el inmenso imperio persa. Una vez conquistado, siguió camino hacia la India. Alejandro fue muchas cosas para muchas personas: un apuesto rey guerrero lleno de la ambición, el coraje y la arrogancia de la juventud, encabezando a su pequeño ejército contra las gigantescas fuerzas persas, un hijo que buscaba desesperadamente la aprobación de su severo padre, endurecido por las batallas, y que se debatía entre su lealtad a éste y su amor por su ma-dre, un conquistador despiadado que nunca perdió una batalla y empujó a sus soldados a los confines del mundo conocido, un visionario cuyos sueños, hazañas y destino dejaron huella a lo largo de la historia, ayudando a dar forma a nuestro mundo actual. Fue todo eso y más. Ale-jandro llevó a su ejército de soldados griegos, macedonios y posteriormente orientales a lo largo de 35.000 kilómetros de asedios y conquistas en sólo ocho años, y cuando murió, a los 32 años, había forjado un imperio sin igual en la historia. Ambientada en el mundo precristiano de cos-tumbres sociales y morales muy distintas de las de hoy, una época de una belleza inigualable, de una brutalidad increíble, con grandes ideales y terribles traiciones, la vida de Alejandro dis-curre entre la relación con su madre Olimpia, su padre Filipo, su gran amigo y comandante He-festión, su ambiciosa y hermosa mujer Roxana y su confidente y leal general Tolomeo.