PELÍCULA: Alguien voló sobre el nido del cuco

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One Flew Over the Cuckoo’s Nest. EEUU, 1975 (128 minutos). Director: Milos Forman. Intér-pretes: Jack Nicholson, Louise Fletcher, Will Sampson.

La llegada de un problemático y singular paciente a un centro psiquiátrico sirve de base a esta brillante y angustiosa cinta para hablarnos de la locura y la claustrofobia, la rebeldía y la lucha contra el sistema… Ken Kesey, uno de los santones de la contracultura de los sesenta, escribió a principios de la década y bajo los síntomas del LSD esta historia de un ex combatiente de Co-rea, Randall McMurphy, un presidiario culpable de violación, que para librarse de una condena se finge loco y es recluido en un centro psiquiátrico, que se erige en metáfora de una sociedad alienante e insolidaria y donde Randall se convierte en un líder para los maníacos. La historia tenía algunos puntos de conexión con la que sirviera de base a “Corredor sin retorno”, de Fu-ller. La película, adaptación del best-seller de Ken Kesey, es, sin duda la más conseguida de Mi-los Forman, quien, en su segundo filme estadounidense, utiliza una puesta en escena de aparen-te tono aséptico, que acaba encerrando a sus personajes en asfixiantes encuadres. En ella se dis-fruta, además, del mejor trabajo de un Jack Nicholson inconmensurable. Este film es todo un clásico que no ha perdido ni un ápice de interés con el paso de los años. Una obra maestra tan terrible como conmovedora. Galardonada con cinco Óscars: a la mejor película, dirección, actor, actriz y guión. Imprescindible.
Randle McMurphy (Jack Nicholson), un “delincuente” estafador, violador, de espíritu libre, cumple una larga condena en una granja-prisión y se las ingenia para ser trasladado a una insti-tución psiquiátrica: es una forma, piensa, de llevar una reclusión de forma más agradable. A su llegada al hospital se encuentra con un ambiente típico de esta clase de instituciones, un ambien-te de represión y de miedo. En su nueva “prisión”, McMurphy conocerá a sus compañeros inter-nos, unos seres que intentan resistir en un lugar en el que se sienten protegidos y alejados de una sociedad que los rechaza por su condición diferente de la mayoría y que los margina como seres indeseables para el sistema. El sentido de la vida de McMurphy choca muy pronto con el “or-den” y la estremecedora rutina de los habitantes del manicomio. Es avisado por el resto de los pacientes sobre los tiránicos métodos de la enfermera jefe, la señorita Ratchel (Louise Fletcher), una mujer fría y distante, que, tras una máscara de falsa dulzura y comprensión, somete cruel-mente a estos hombres dentro de unas normas que no son más que la extensión de ese mundo exterior que los rechaza y olvida. Muy pronto, y gracias a él, sus compañeros de “hospedaje” van a darse cuenta de que existe algo muy diferente a lo que están viviendo cada día. Tras una explosión de cólera de Randle, le aplican un tratamiento de electroshock. Pero para entonces ya se ha ganado a los internos; les ha invitado a que se animen a pensar por sí mismos, a tener vida propia, a hacer frente a los poderes despóticos y alienantes, a romper y a no obedecer las órde-nes que le parecen irracionales. Entre ellos, MacMurphy entabla especial relación con un enorme hombre de raza india, al que todos llaman el Jefe Bromden quien, como descubrirá más tarde McMurphy, finge ser sordomudo para conseguir el aislamiento total del mundo que le rodea.