Argentina-España, 2000 (90 m.). Director: Marcos Carnevale. Intérpretes: Leticia Brédice, Jorge Sanz, Silke, Loles León, Antonio Gasalla.
Inenarrable, inconcebible, inclasificable… Extraño bochorno el que se puede experimentar frente a esta coproducción argentino-española que cuando pretende hacer reír, es de llorar. Y vicever-sa, claro. Es cierto que la primera peli de Marcos Carnevale (Noche de ronda) no daba para es-perar grandes realizaciones fílmicas de este director y guionista. Pero he aquí que la comedia con toques melodramáticos que nos ocupa, que se pretende desprejuiciada y algo así como post-almodovariana (roguemos al santo cielo para que el autor de La flor de mi secreto no la vea ja-más), supera los más negros presagios. Ya en los papeles, el engendro es de un esquematismo torpe y, dándoselas de progre y más allá del bien y del mal, resulta en última instancia reaccio-naria por la manera estereotipada de presentar a los gays (penoso Antonio Gasalla), de jugar con la exhibición de lesbianas picaronas en la bañadera o de ofrecer una burda representación de la mujer a cargo de un Jorge Sanz supuestamente operado por amor… Pletórica de situaciones for-zadas, inverosímiles aun dentro del género cómico, ramplona para tratar los asuntos sexuales, Almejas y mejillones es un despropósito inefable cuyo único mérito digno de destacar es la lu-minosa fotografía de Alfredo Mayo. Lo insólito es que en una realización como esta, tan impre-sentable, esté implicado un elenco de actores de cierto prestigio.
Rolondo (Jorge Sanz), un biólogo marino especializado en el comportamiento sexual de los me-jillones, ha alquilado una casa en Tenerife que, para su sorpresa, cuando entra, la descubre habi-tada por una hermosa mujer, Paula (Leticia Brédice), paradigma de todos los desordenes. Paula tiene necesidad de dinero y convence a Rolondo para que le acompañe a una partida de póker, así podrá conseguir rápidamente el dinero para abandonar la casa y dejarle en paz con sus meji-llones. Rolondo con el paso de las horas se enamora de ella, pero descubre que a Paula le gustan las mujeres, lo que le obligará a adoptar una drástica decisión: se viste de mujer para conquistar-la.