PELÍCULA: Amén

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Francia. 2002 (126 m.). Director: Costa-Gavras. Intérpretes: Ulrich Tukur, Mathieu Kassovitz, Ulrich Mühe, Ion Caramitru.

Desde películas ya lejanas como Z, La confesión y Estado de sitio, rodadas al inicio de la década de los setenta, Costa-Gavras insiste en fustigar las miserias sociales. Amén se apoya en el drama teatral de Rolf Hochhuth, escrito en los años cincuenta, El vicario para censurar el silencio del Vaticano ante el Holocausto. Sólida y eficiente, airada y combativa, la película sigue los pasos de un personaje real, un oficial de las SS, el químico Kurt Gerstein (suministrador del gas mortal a los campos de concentración), llamado por su biógrafo El Espía de Dios, y de un sacerdote jesuita que rechazaba el silencio impuesto por la Iglesia. Ambos luchan por arrancar del papa Pío XII una simple mirada, que se convirtiese en denuncia, hacia el exterminio masivo de millones de judíos por parte del régimen hítleriano. La película denuncia la indiferencia de todos aquellos que sabían lo que estaba pasando y decidieron callarse. Amén, por supuesto, levantó ampollas entre los biempensantes por su denuncia hacia la jerarquía católica. “Lo que cuenta es tan fuerte que suple las carencias artísticas de Costa-Gavras, su didactismo, su molesto afán para que todo quede demasiado claro. (…) Hay que agradecerle al legal e incisivo Costa-Gavras que siga des-velando viejas atrocidades, pero su estilo para hacerlo sólo alcanza el aprobado” (Carlos Boye-ro). “Apasionante capítulo del silencio vaticano. (…) Y sin hacer una obra maestra (Costa-Gavras suele estar como director por debajo de los magnífico y ambiciosos asuntos que filma) nos sitúa ante el rostro de esta herida sangrante…” (Ángel Fdez. Santos).
Dos sistemas: por una parte, la maquinaria nazi y, por otra, la diplomacia del Vaticano y de los Aliados. Pero dos hombres luchan desde dentro. El primero es Kurt Gerstein (personaje real), químico y miembro de las SS que se encarga de suministrar el gas Ziklon B a los campos de la muerte. Pero eso no le impide denunciar los crímenes nazis a los aliados, al Papa e incluso a los miembros de la Iglesia alemana a la que pertenece, jugándose de este modo su vida y la de su familia. El segundo, Ricardo Fontana (personaje ficticio), es un joven jesuita que representa a todos los sacerdotes que supieron oponerse a la barbarie, pagando muchas veces con su propia vida. Kurt Gerstein (espléndido Ulrich Tukur) sabía lo que estaba ocurriendo y quería que el mundo entero también lo supiera. Para un ser sensible y al mismo tiempo implicado en aquel contexto, que en el fondo abomina aquello que su pueblo y sus superiores respaldan, verá muy pronto como su denuncia no podrá jamás sobresalir al terreno de la política internacional, dado el complicado mapa que describe esa Europa convulsa. Por ello llegará a solicitar la ayuda del nuncio vaticano en Berlín, quien muy pronto se deshará de su presencia. Sin embargo, en la conversación se encontraba un joven sacerdote –Ricardo Fontana (convincente Mathiew Kas-sovitz)-, hijo de un diplomático estrechamente ligado al entorno del Papa Pio XII en el Vati-cano. A partir del reencuentro de ambos y la comunión de uno u otro en su deseo compartido de denunciar de forma rotunda estas terribles prácticas, se desarrollará una auténtica odisea de alcance nihilista. Y es que no solo la lucha convencida de Gerstein y Fontana no llegará a alcan-zar sus objetivos. La diplomacia vaticana hará prácticamente oídos sordos ante las pruebas pre-sentadas de esta atrocidad, prefiriendo sin embargo mantener buenas relaciones con el régimen alemán, dado que este combatirá contra el comunismo. Un auténtico maremagno de situaciones a cual más insospechado, en el que los representantes políticos y diplomáticos preferirán mirar hacia otro lado antes que enfrentarse a la demoníaca exterminación de los judíos, y en las que la línea marcada por el Vaticano será la de una prudencia –envolviendo un auténtico miedo a ser atacados por los alemanes-, contra la que se revelarán nuestros dos protagonistas. Será una reac-ción baldía, pero que de alguna manera servirá para que ambos puedan dejar este mundo con la convicción de haber luchado en contra de una de las mayores monstruosidades del mundo con-temporáneo.