EE UU, 2007 (149 m.). Director: Ridley Scott. Intérpretes: Denzel Washington, Russell Crowe, Chiwetel Ejiofor.
Después de un largo tiempo dando vueltas por las productoras de Hollywood, fue finalmente Ridley Scott el director de este inquietante thriller sobre la historia de dos personajes reales del submundo neoyorquino de los setenta: Frank Lucas (Denzel Washington), primer gran trafican-te de Harlem, y el detective encargado de atraparle, Richie Roberts (Russell Crowe). Es absor-bente, excitante a ratos e innegablemente entretenida, y está destinada a ser un gran éxito co-mercial. Pero no es genial. La película acusa su duración. Más duro es, faltaría más, Carlos Bo-yero: ““Un olvidable príncipe negro. (…) Todo es lento, epidérmico, fatigoso en esta pesadísima crónica social con pretensiones de arte”.
A principios de los setenta, los policías corruptos abundaban en las calles de Nueva York. La guerra de Vietnam hacía estragos en Oriente y en Estados Unidos. Numerosos soldados volvían a casa muertos o adictos a un opiáceo llamado heroína, que compartían con jóvenes deseosos de experimentar cosas nuevas y que se enganchaban a la droga. Con la ayuda de las fuerzas del or-den, la mafia funcionaba con casi total impunidad en este mercado libre de competencia. Unos cuantos hombres blancos privilegiados e intocables pagaban cientos de millones de dólares a jueces, abogados y policías de Nueva York para que nadie abriera la boca y esa provechosa rela-ción se mantuviera. Nadie se atrevía con los tentáculos de la Cosa Nostra. Hasta que apareció un hombre de negocios negro llamado Frank Lucas (Denzel Washington). Nadie se fijaba en Frank, el silencioso chófer y recadero de uno de los más carismáticos jefes mafiosos negros de Harlem. Bumpy Johnson. Frank Lucas aprovechó el hueco abierto en la estructura de poder por la repentina muerte de su jefe para construir su propio imperio y crear su versión del “éxito ame-ricano”. Gracias a su ingenio y a una estricta ética de los negocios, se hace con el control del trá-fico de drogas en el corazón de la ciudad, inundando las calles con un producto de mayor cali-dad a mejor precio. Frank es más listo que todos los demás grupos mafiosos y no solo acaba convirtiéndose en uno de los mayores narcotraficantes de la ciudad, sino también en una de sus superestrellas cívicas. Richie Roberts (Russell Crowe) es un policía duro y marginado que cono-ce bien las calles y que no tarda en darse cuenta de que el control del hampa está cambiando de manos. Cree que alguien se está aupando por encima de las conocidas familias mafiosas y em-pieza a sospechar que un traficante negro ha salido de la nada para apoderarse de la situación. Tanto Lucas como Roberts comparten un código ético muy riguroso que les diferencia del resto de sus coetáneos. Son dos figuras solitarias en lados opuestos de la ley, pero el destino de am-bos se cruzará a medida que se acerca un enfrentamiento que no sólo cambiará sus vidas –seguramente sólo uno saldrá ganando–, sino que alterará el rumbo de toda una generación de neoyorquinos.