EE UU, 1998 (144 m.). Director: Michael Bay. Intérpretes: Bruce Willis, Bill Bob Thorton, Ben Alileck, Steve Buscemi, Liv Tyler.
Mientras Bruce Willis exista, el ser humano puede vivir tranquilo: resulta que Bruce Willis se tiene que encargar de salvar (una vez más) a la humanidad. En esta ocasión la cosa va de un gi-gantesco meteorito que va a impactar con la Tierra. A los científicos de la NASA no se les ocu-rre otra cosa que avisar a Willis y su indisciplinado equipo de perforadores petroleros para inten-tar hacerlos aterrizar en pleno asteroide, perforarlo y hacerlo estallar. Desde luego, la premisa linda el surrealismo. “Si la premisa resulta tremebunda, el desarrollo abraza la enajenación” (M. Á. Palomo •). Con tal premisa arranca esta intriga catastrofista, dirigida con habilidad por Mi-chael Bay –director también de La roca– y protagonizada por uno de los héroes de acción más taquilleros de los últimos años: Bruce Willis. Un atractivo filme catastrofista con efectos espe-ciales sobresalientes. En otro comentario: Espectáculo seguro. Cine, nada. Delirante el equipo de “perforadores”, cursilísima la historia de amor, innumerables escenas sin criterio ni lógica… y, sin embargo, como conjunto se digiere. Sin que nadie se explique cómo ni por qué, en semejante superproducción de dos horas y media, nos hemos entretenido.
Un asteroide del tamaño del estado de Tejas apunta directamente hacia la Tierra a más de 35.000 Km/h. Al director ejecutivo de la NASA, Dan Truman sólo le queda una opción: enviar a un equipo de astronautas para que destruyan el meteorito antes de que colisione con nuestro planeta.. Para ello recurre a Harry S. Stamper, el mayor experto en perforaciones petrolíferas, y a su cualificado equipo de perforadores para que aterricen en la superficie del asteroide, lo perfo-ren e introduzcan un dispositivo nuclear en él que al estallar consiga desviar su trayectoria y po-der salvar así el planeta, evitando así el Armageddon.