Ascenseur pour l’échafaud. Francia, 1958 (88 m.). Director: Louis Malle. Intérpretes: Jeanne Moreau, Maurice Ronet, Lino Ventura, Jean Wall, Georges Poujouly, Yori Bertin.
La primera película del gran Louis Malle, quien, tras codirigir con Bresson Un condenado a muerte se ha escapado, y con Jacques Cousteau El mundo del silencio, se estrena en la dirección en solitario con este policiaco basado en la novela de Noël Calef. Una obra monumental que juega con los códigos del cine negro para reinventarlos y crear una trama criminal amarga y de-soladora. Una mujer y su amante asesinan al marido de ésta siguiendo un minucioso plan. Se verán enredados en una espiral de imprevistos, tensa y exasperante, envueltos en las calles de un París gélido y desolado, fotografiado por el maestro Henri Decae. Ascensor para el cadalso es una obra maestra absoluta, en la que la su sobriedad formal se convierte en un aluvión de inau-dita emotividad, agitada por una memorable banda sonora de Miles Davis, que improvisó toda la partitura contemplando las imágenes del filme una vez acabado. Un clásico moderno en los márgenes de la experiencia vanguardista, con una Jeanne Moreau soberbia.
Julien Tavernier (Maurice Ronet), héroe de la guerra colonial de Indochina y Argelia, trabaja para el industrial Simon Carala (Jean Wall), y es el amante de su esposa, Florence (Jeanne Mo-reau). Para poder vivir juntos, los amantes deciden matar al marido y Julien prepara un crimen perfecto con coartada para los dos, y con todas las apariencias de un suicidio. Pero ocurre algo que no estaba previsto. Julien olvida descolgar una soga que puede levantar sospechas, así que regresa al edificio justo en el momento en que el guardia de seguridad corta la llave de la luz y cierra las puertas. Como resultado, el protagonista queda atrapado en el ascensor, a mitad entre dos pisos. Por si fuera poco, fuera, una pareja de jovencitos, el rebelde Louis (Georges Pou-jouly) y la florista Véronique (Yori Bertin), roban el coche de Julien y se van a pasar unos días con unos amigos alemanes a los que Louis odia primero y teme después, porque se han dado cuenta de que el coche es robado. Utilizando la pistola que Julien llevaba en el coche, Louis da muerte a uno de los alemanes. Todo acusa a Julien, que se encuentra en la embarazosa situación de ser acusado de un crimen que no ha cometido, mientras que nadie parece inculparle de su auténtico crimen.