PELÍCULA: Barrio

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España, 1998 (94 m.). Director: Fernando León de Aranda. Intérpretes: Chete Lera, Francisco Algara, Erique Villén, Alicia Sánchez, Maneta Orozco, Eloy Yebra, Timy Benito, Críspulo Ca-bezas.

Tras deslumbrar a la crítica con su primer trabajo, Familia, Fernando León se afianzó definiti-vamente como uno de los mejores directores del panorama cinematográfico nacional con esta espléndida cinta, un prodigio en el que se respira la vida, la verdad. Los protagonistas de Ba-rrio son chavales encuadrados en una pantalla que se convierte en la realidad misma. La cinta muestra la historia de tres jóvenes –son chicos como tantos otros miles– con los que el cineasta camina de la mano para obligar al espectador a detenerse y prestarles atención. Los chicos des-cubren lo difícil que es salir de su barrio y lo complicado que es crecer, muestra la dura adoles-cencia de esos tres chavales en una gran ciudad, mezclando sabiduría visual con un recio guión. Una historia dura, pero a la que no le faltan ni sus dosis de humor inocente ni sus diálogos rea-listas y originales. Dura, pero donde nada es forzado ni impuesto. Gran película, pedazo de vi-da, escalofriante docudrama. Bello puñetazo de verdad. Y logra que parezca sencillo recrear la apariencia de vida. Realiza una soberbia elección musical para la banda sonora, que convierte secuencias como la del metro en miradas prodigiosas. Goya a la mejor película y al guión origi-nal, y Concha de Plata del Festival de San Sebastián al mejor director. La proyección de esta maravilla debería ser obligatoria en todos los institutos.
Esta es una historia de barrio. De cualquiera de esos barrios situados al sur de las grandes ciu-dades, a los que no llega ni el metro ni el dinero. Altos, desmañados, compañeros de instituto, Javi, Manu y Rai son, sobre todo, amigos. Comparten los tres esa edad en la que ni se es hombre ni se es niño, en la que se habla mucho de chicas y muy poco con ellas. Comparten también la vida en el barrio, el calor del verano y un montón de problemas. El primero es el propio barrio, un barrio de grandes bloques de viviendas sociales, de ladrillo oscuro y arquitectura imposible. Allí hay pocas cosas que hacer, y en agosto aún menos. Están condenados a pasar el verano en su barrio, su último verano inocente. La televisión dice que millones de españoles salen de vaca-ciones. Ellos no tienen dinero ni actividades pero sí deseos y sueños (de las pocas cosas que aún son gratis) y les sobra tiempo libre. Hablan mucho de chicas pero muy poco con ellas. El mundo les enseña su escaparate pero no les invita a disfrutar de él. El centro de la ciudad está lejos y su barrio mal comunicado. ¿Atravesarán algún día la M-30? Mientras siguen soñando, cada uno de ellos tomará posturas distintas ante esa realidad.