Bienvenue chez les Ch’tis. Francia, 2008. Director: Dany Boon. Intérpretes: Kad Merad, Dany Boon, Zoé Félix, Philippe Duquesne, Line Renaud, Michel Galabru
La segunda película de más taquillera del cine francés (solo superada por Intocable), es una co-media costumbrista, humanista y de contagiosa alegría de vivir, sobre los estereotipos y los pre-juicios regionales. Una historia que permite la cómica interacción entre dos regiones de Francia con identidades bien diferenciadas. Un tema, a priori demasiado visto, pero tratado con un pe-culiar y agradecido sentido del humor. Su galería de insólitos personajes y sus simpáticos diálo-gos hacen el resto. Sin embargo, resulta demasiado localista, poco entendible para quienes des-conozcan las particularidades del dialecto picardo, hablado en el norte de Francia y parte de Bélgica. Toda su burla crítica, toda su acidez, se convierte en una mirada entrañable, elogiosa. Boon apuesta por una exagerada corrección política y por unos personajes tan enrollados y tan buena gente que acaban por resultar un pelín cargantes. Por lo demás, la película es divertida, está bien contada.
Philippe Abrams (Kad Merad) es el encargado de una oficina de correos en la preciosa cuidad de Salon-de-Provence, al sur de Francia. Julie, su mujer, padece episodios depresivos que con-vierten la vida de Philippe en un verdadero infierno. Así que en un intento de animarla, Philippe hace trampas para que le trasladen a la Riviera francesa. Pero le cogen y le envían a una pequeña ciudad en el norte de Francia llamada Bergues, junto a la frontera con Bélgica. Phillippe piensa que va a ser un sitio horrible, cuyos habitantes, según su opinión, mascullarán una lengua ininte-ligible (de ahí vendría Ch’tis). Cuando llega allí, descubre que es un lugar idílico, con habitantes encantadores. De todas formas, a su mujer, de la que está distanciado, y que vive en su locali-dad de origen, le asegura que vive en un auténtico infierno, con el fin de despertar su compa-sión. Lo consigue hasta el día en que ella anuncia que va a acudir a visitarle para ayudarle a su-perar lo que ella cree una experiencia traumática. A Abrams no le queda más remedio que pedir-les a sus nuevos amigos y vecinos que interpreten la farsa que le ha contado a su mujer, y que se comporten de forma tosca para que Julie, asustada, se marche lo antes posible. Los empleados de Philippe se prestan a regañadientes a la pantomima y le hace la vida imposible a Julie. Pero Julie los descubre..