PELÍCULA: Black Hawk derribado

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Black Hawk down. EE UU, 2001 (144 m.). Director: Ridley Scott. Intérpretes: Josh Hartnett, Tom Sizemore, Ewan McGregor, Jason Isaac, Eric Bana.

Basada en hechos reales, Black Hawk Down relata una operación de las fuerzas de élite del ejército americano en la ciudad de Mogadiscio que se complica cuando un helicóptero es derri-bado en pleno centro de la ciudad. Ridley Scout, aunque con intención clara de denunciar la brutalidad de la guerra, hace de todo ello un espectáculo. Su verdadera fuerza se halla en la cruda descripción que se hace de la guerra. Al igual que los soldados protagonistas, el especta-dor se ve inmerso en un mundo de miedo, muerte y destrucción, un infierno de sangre. Terrible, pero espectáculo al fin, en el que cuenta más mostrar su indiscutible maestría técnica que cual-quier estudio de los personajes o cualquier matiz dramático y narrativo. Espectáculo bélico, téc-nicamente perfecto, pero exento de sentimientos. Las múltiples acciones paralelas del combate alcanza cotas insólitas de intensidad, pero un espectáculo de este tipo se sostiene a duras penas si, como aquí, no cuenta con asideros dramáticos suficientemente personalizados. “Está llena de instantes de enérgico destripamiento de la violencia, pero visualizada desde tantos y tan dispa-res puntos de vista que no hay manera de que el espectador descubra su propia mirada entre tan-ta, y tan mareante, abundancia de angulaciones, encuadres, enfoques, ópticas, saltos de eje y cambios de observatorio. De ahí que, pese a algunos buenos y liberadores respiraderos y descan-sillos en la escalada de la atronadora ensalada de tiros, haya en Black Hawk derribado más exactitud visual que conmoción moral” (Ángel Fdez. Santos). Dicho de otro modo: parece un documental de ficción en el que, por lo demás, asombra la perfección y realismo de lo que se narra. “Una película aburrida. También indecente” (Carlos Boyero).
Octubre de 1993. Soldados americanos de elite son enviados a Mogadiscio, Somalia, como par-te de una operación de paz de las Naciones Unidas. Las intenciones son salvar vidas, no segar-las. Pero la incomprensible política feudal y la hambruna hace diseñar una misión que consiste en capturar al caudillo Aidid y acabar de raíz con la guerra. A Aidid se le acusa de robar la co-mida repartida entre el pueblo para paliar el hambre y de esa manera tener el control sobre la po-blación civil. El tiempo de duración de la misión se prevé que no sobrepasará la hora. Cuando comienza la misión, todo parece ir bien, hasta que dos helicópteros Black Hawk, aparentemente invencibles, son derribados. El enorme contratiempo convierte la misión en un horrendo comba-te sobre las calles de la ciudad, en una desesperada carrera contra el tiempo para rescatar a la tripulación y los soldados de tierra, atrapados y heridos en una ciudad que se ha convertido en zona de combate mortal. Los “Flacuchos” nombre recibido por los somalíes por parte de los sol-dados americanos, surgen por todos los lados armados hasta los dientes, incluso con lanzagra-nadas. La operación que en un principio iba a durar 1 hora escasa, lleva camino de las 20 horas. No queda más remedio que solicitar la ayuda internacional.