The shawshank redemption. EE UU, 1994 (136 m.). Director: Frank Darabont. Intérpretes: Tim Robbins, Morgan Freeman.
El guionista y director Frank Darabont (La milla verde) consiguió siete candidaturas a los Oscar (finalmente no se llevó ninguno) por este drama carcelario que centra su atención en las viven-cias carcelarias de un hombre condenado por un delito que no cometió. La cinta basó gran parte de su efecto en eI duelo interpretativo mostrado por Tim Robbins y un maravilloso Morgan Freeman. Morgan Freeman es un convicto que busca huir de su destino; Tim Robbins es un abogado de espíritu indomable, condenado a prisión injustamente. Ambos entablan una amistad inolvidable en esta película monumental que estalla en forma de drama carcelario y en la que Frank Darabont asume una arriesgada apuesta por la sobriedad formal, bajo la que late una desatada pulsión dramática. Una obra magnífica, ágil y bien narrada que fluye con una cadencia repleta de emociones y construye un apabullante retrato de personajes. Entrañable y entretenidí-sima historia sobre la amistad. Un clásico del cine carcelario que huye del espectáculo barato para ahondar en la amistad de la pareja protagonista. El guión (basado en el relato de Stephen King Rita Hayworth and Shawshank Redemption) te atrapa poco a poco en un crescendo magis-tral, regalando uno de los finales más bellos de las últimas décadas. Robbins nunca ha estado mejor, provocando con su contenida interpretación una empatía que recuerda a Gregory Peck en Matar a un ruiseñor. Y por último está Morgan Freeman, con una mirada tierna y sincera que te sentencia a quererlo a perpetuidad, sin necesidad de cadenas.
La vida de Andy Dufresne (Tim Robbins), un joven banquero de éxito, cambia drásticamente cuando un tribunal le envía a la prisión de alta seguridad de Shawshank para ser encerrado de por vida, por el asesinato de su esposa y su amante. En la prisión, Andy traba amistad con Red (Morgan Freeman), un preso atípico y muy respetado con el que descubre la mafia de sobornos y el mercado negro de la cárcel. No sólo se gana el respeto de los presos sino también el del despiadado director del centro, para el cual trabajará como contable.