The searchers. EE UU, 1956 (114 m.). Director: John Ford. Intérpretes: John Wayne, Jeffrey Hunter, Natalie Wood, Vera Miles, John Qualen.
Muchos afirman que Centauros del desierto es la mejor película de John Ford; entre las exce-lencias de una filmografía deslumbrante resulta difícil asegurarlo, pero sí es la que mejor agluti-na sus virtudes formales y sus constantes temáticas. Es un relato de héroes cansados, que tal vez ni siquiera son héroes, es una historia de venganza, odio, pero también de redención. El odio irracional que un ex oficial confederado, solitario y vengativo, les va tomando a los indios a lo largo de los años desemboca en locura en este mítico filme del maestro John Ford. El ex oficial parte en busca de los indios que se llevaron a sus sobrinas. Este es el, aparentemente, simple ar-gumento de un viaje al centro del odio y la intolerancia a cargo del mejor John Wayne. Un wes-tern oscuro y desolador, poblado por ramalazos de seca violencia, que acompaña a John Wayne en un viaje al reverso de su imagen tradicional: un personaje vengativo, brutal y racista que bus-ca sin descanso durante 7 largos años a su sobrina, secuestrada por los indios, para descubrir a lo largo del metraje que, claro, persigue enfrentarse con sus propios fantasmas. Y es que esa bús-queda obsesiva (el título original del filme es Los buscadores) le lleva a un combate con sus más profundos fantasmas, el odio y el racismo. El gran John Wayne, en un papel totalmente inusual dentro de su fructífera filmografía, protagoniza esta excepcional historia, considerada por mu-chos una auténtica obra de culto, un relato lleno de fuerza, amargura, poesía y perfección. Este filme, “la mejor película de la historia” según Steven Spielberg, está en todas las encuestas entre las mejores de la historia del cine. Centauros del desierto es una película infinita, como los grandes paisajes desérticos en los que está rodada, un filme que se puede ver una y otra vez sin que pierda ni su misterio, ni su fuerza. Imprescindible.
Tres años después de la finalización de la guerra de Secesión, Ethan Edwards (John Wayne), que ha luchado en el ejército confederado, vuelve a su hogar formado por su hermano Aaron, su cuñada Martha, sus dos sobrinas Lucy (Pippa Scout) y Debbie (Natalie Wood) y un muchacho mestizo llamado Martin (Jeffrey Hunter). Lucy está prometida a un joven muchacho llamado Brad, cuya familia vive cerca, mientras que Laurie (Vera Miles), la hermana de Brad, está ena-morada del medio mestizo –tiene sangre cheroqui en sus venas– Martin Pawley (Jeffrey Hun-ter). Al poco tiempo toda su familia es asesinada por los comanches, y sus sobrinas, niñas aún, raptadas. Ethan parte en su búsqueda, una búsqueda sangrienta e incansable, seguramente tanto o más movido por el odio, la venganza y el racismo. Durante siete largos años persigue a los comanches, acompañado primero de una partida de rangers de Texas comandada por el capitán y sacerdote Samuel Johnson Clayton (Ward Bond) y del siempre fiel Martin Pawley. Encuen-tran a Lucy violada y ejecutada y el novio se suicida lanzándose él solo contra los comanches. Después, cuando los rangers se retiran, seguirán solos Ethan y Martin. Racista convencido, cuando la encuentre, Ethan Edwards no podrá asumir que Debbie haya vivido como una india en lugar de quitarse la vida. Cuando la consigue localizar en la tribu del gran jefe “Cicatriz”, la muchacha ya es otra comanche, que se niega a abandonar su nueva raza.