North by northwest. EE UU, 1959 (136 m.). Director: Alfred Hitchcock. Intérpretes: Cary Grant, Eva-Marie Saint, James Mason.
Muchas veces se ha tachado a Con la muerte en los talones de mero divertimento. Si es así, se trata de un divertimento asombroso. Como paradigma del arte visual, el cine fabrica iconos sin cesar, imágenes inolvidables que acompañan al aficionado el resto de su vida. Decenas de imá-genes inolvidables, emblemáticas, viven en las películas de Hitchcock, uno de los directores más eminentemente visuales de la historia y a quien siempre interesó poco el relato en sí mismo y mucho más el cómo contarlo. Con la muerte en los talones incluye buenos ejemplos de estos iconos como las imágenes de Cary Grant huyendo de una avioneta en un paraje desértico y en las de una tensa persecución en los recovecos del monte Rushmore, entre los rostros tallados en piedra de los presidentes estadounidenses. Tensiones ambas inverosímiles, que se convierten en filmicamente creíbles porque es Hitchcock quien las rueda y ofrece una lección de cómo conver-tir el artificio en verosimilitud. Hitchcock utiliza el McGuffin, expresión acuñada por él mismo que designa a una excusa argumental que motiva a los personajes y al desarrollo de una historia, y que en realidad carece de relevancia por sí misma: Cary-Grant es confundido por los malos con un espía que, en realidad, no existe. Una película inolvidable, eléctrica, vibrante, que hace de la elipsis uno de sus motores narrativos y agita a sus protagonistas entre azares, intrigas y misterios.
Un ejecutivo del mundo de la publicidad, Roger O. Thornhill, es confundido a causa de un ma-lentendido con un agente del gobierno llamado George Kaplan por una organización de espio-naje. Secuestrado por tres individuos, es llevado a una mansión en la que es interrogado, y don-de le advierten que deje de fingir y colabore con las propuestas del señor Vandam. Ante su ne-gativa, es abandonado por sus secuestradores en un coche sin frenos y embriagado de alcohol. Cuando al día siguiente regresa acompañado de la policía, no hay rastro de las personas que ha-bía descrito. Intentando buscar una explicación, acude a la sede de la ONU para hablar con un diplomático que puede aclarar la confusión, pero mientras hablan es asesinado, y todas las sos-pechas recaen sobre él. Desde ese momento se verá obligado a intentar resolver el crimen a la vez que huye de los espías y de la policía. A ello le ayudará una bella joven (Eva Marie Saint).