Agustín Tamames, 77 años sobre la bicicleta, y ¡que cumplas muchos más!

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Agustín Tamames

En el último lustro del siglo XX y el primero del XXI, Roberto Heras se convirtió en el ciclismo salmantino con mejor palmarés y en uno de los más grandes de España, siguiendo la estela que le había marcado su paisano Cubino, al que, si lo miramos en perspectiva, consideraremos también que pertenece al grupo de los elegidos, y contemporáneo de otros dos ilustres como Santi Blanco y Eladio Jiménez. Salamanca ha gozado de muchos más corredores exitosos o, cuanto menos que han vivido su momento de gloria en el pelotón profesional. No vamos a mencionar a más para que ninguno se nos quede en el olvido y pueda sentirse agraviado. Nunca es nuestra intención olvidar sino vanagloriar y poner en valía el esfuerzo y el trabajo de cualquier deportista.

Pero bastante antes que ellos hubo un ‘campionissimo’ y no lo decimos por Coppi, al que apodaban de esa forma, sino de otro salmantino de pura cepa, en este caso de La Armuña y, más concretamente de Monterrubio. Allí fue a nacer un 19 de octubre de 1944. Este martes cumplía 77 años y siempre es un buen momento para echar la vista atrás y presumir de un paisano en lo más alto, aunque muchos jóvenes no lo conozcan y aunque muchos mayores necesiten que se lo recordemos para conocer la verdadera dimensión de un ciclista que no sólo visitó el olimpo con su victoria en la Vuelta a España en 1975 y sus títulos de campeón de España (profesional y amateur), sino que lo hizo luchando codo con codo ante los mejores, coincidiendo en la época de Anquetil, Mercks, Ocaña y un sinfín de nombres que lucen con letras de oro en la historia del ciclismo mundial.

Y es que a sus 77 años es fácil encontrárselo cualquier mañana montando en bicicleta y, créanme, sigue bastante fino. Al menos la última vez que estuve con él. Fue en el Helmántico hace menos de un año antes de una rueda de prensa de Sergio Egea.

A nivel personal Tamames fue mi primer referente, pues tras colgar la bicicleta se dedicó profesionalmente a la construcción. Como él mismo me reconocía un día ganó más con su primera obra que en sus mejores años como ciclista. Precisamente mi padre trabajaba en la zona de las calles Van Dyck y Fernando de la Peña, donde en sus primeros años realizó construcciones y se veían a diario. Un servidor fue afortunado de poder vivir la que hasta ahora ha sido la mejor época del ciclismo a nivel mediático. Aquellos años tempranos de Laguía, de las carreras de chapas, la explosión de Perico Delgado, luego Induráin, etc. Pero, sobre todo, tuve la fortuna de compartir pasión con mi padre. Ninguno de los dos entendíamos ni habíamos montado en bici, pero recuerdo algunas de las mejores sobremesas de mi vida viendo los finales de etapa de las tres grandes junto a él en el salón de nuestra casa. Mi padre escuchaba con atención mis intuiciones, como si fuera a acertar en alguna: “Ahí es donde va a atacar este o el otro… este va a petar,”.

Y siempre me preguntaba de vez en cuando si no conocía a Tamames, algo que ya sucedió durante mi etapa profesional en El Adelanto, hace cerca de veinte años. Lo bueno de Agustín es que siempre te cuenta algo. Siempre tiene una anécdota, una historia que te seduce y te atrapa, siempre detrás de cada una de esas historias que pueden parecer increíbles, hay una pasión y un conocimiento al alcance de muy pocos.

No es el caso de repasar su trayectoria, da para escribir un libro, pero con el tiempo hemos podido indagar en su ella y en su pasado y descubrir que tenemos la suerte de coincidir con uno de los más grandes. Gracias a ello hemos descubierto el ciclismo de antes, aquel donde los corredores rendían casi desde marzo hasta octubre y donde él se pudo permitir el lujo de ir de favoritos a algunas de las competiciones más apasionantes que hay, desde los Juegos Olímpicos de México en 1968 a numerosos Campeonatos del Mundo, donde llegó a cosechar un undécimo puesto.

Además, tiene podios en la Vuelta a España, donde ha ocupado los tres cajones y ha competido en las competiciones más importantes del ciclismo mundial.

Y ahí está, con sus 77 primaveras dale que te dale al pedal, en cualquier rincón de esa Armuña que le vio nacer, transmitiendo sus enseñanzas y su experiencia a aquellos con los que se encuentra, pero, lo que es más importante, transmitiendo la ilusión del que empieza.

¡Y que cumplas muchos más!