Al Salamanca UDS le toca quitarse el disfraz

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El entierro de la sardina ponía fin el martes a los Carnavales, fiesta pagana por excelencia. Si nos trasladamos a la religión, llegamos al Miércoles de Ceniza que da paso a la Cuaresma, tiempo para reconocerse públicamente como pecadores y afrontar cuarenta días de oración y ayuno y para ser caritativos. En cualquier caso es un punto de inflexión que este año coincide con el día de San Valentín, donde los enamorados también celebran la fortuna de estar juntos.

Reconozco que hay ocasiones en las que no me entiendo ni yo, pero, en esta ocasión, la comparación la van a entender perfectamente y, probablemente, muchos de ustedes, muchos de vosotros, la compartáis.

Junio de 2023. Tras un ‘play-off’ de locos, el Salamanca UDS (entendemos que sus propietarios), asume el reto. “Ahora nos toca a nosotros”, dijeron. Y, a diferencia de otras temporadas, todo indica que la apuesta va a ser fuerte. En apenas unos días renuevan varios jugadores importantes la temporada anterior y fichan varios jugadores de garantías. Porque pueden estar mejor o peor, pueden haber dado resultado o no, pero el hecho de que han llegado jugadores de mayor categoría es algo objetivo.

El aficionado (aquí entran en juego los enamorados) responde como nunca. Si desde el club no han falseado los datos, cerca de 6.000 abonados se han hecho socios del club, algo inaudito en una Tercera RFEF de carácter, a todas luces, regional. Una categoría en la que un equipo que luce ese escudo y que tiene ese ‘templo’ debería estar, única y exclusivamente, por error, y de paso.

Pero llega septiembre y empieza el Carnaval. En el club se disfrazan de impagos, aparece la figura del dirigente invisible, los futbolistas cambian de disfraz y se ponen el traje de la mala suerte, de la descoordinación. Incluso el Helmántico pasa de templo a ser una auténtica ruina. Vamos, que lo que es asistir a un espectáculo se convierte, en ocasiones, en una auténtica tortura.

Esperamos que lo del domingo fuera el entierro de la sardina y que, a partir de ahora, empiece un periodo de instrospección, de reconocer errores, que el club sea capaz de nacer de sus propias cenizas y que disfrute de los ‘play-off’ como si fuera la Pascua. Sólo así se podrán sentar algunas bases para el futuro. Si el equipo continúa por la línea de lo anodino, esto va a ser un suplicio y, como decimos siempre, esta afición no se lo merece, porque, en mayor o menor medida, da una respuesta admirable cada domingo.

Ahora podemos quedarnos en lo de que si el Salamanca mereció ganar por ocasiones, de que si hubo mala suerte, falta de acierto, que si fueron superiores, que si ‘la abuela fuma’. No dejan de ser titulares periodísticos. Este equipo –y, sobre todo, este club, necesita ese periodo de mirar hacia dentro, de resetear-. Como dijo un entrenador: “Necesita gente que le quiera”. Me consta que, incluso dentro, hay gente que lo quiere, y mucho, pero es necesario que ese cariño se traduzca en otra cosa distinta a lo que se ve cada día y, sobre todo, a lo que sucede a todos los niveles. Ese concepto de querer al club lo retomaremos en algún artículo próximo.

También nosotros debemos reflexionar. Lo haremos y se lo contaremos un día de estos. Estén atentos.